Corrupción y terrorismo

Juan Carlos Santa Cruz*

No cabe duda que iniciamos una nueva época que nos ha tomado a todos por sorpresa. La guerra es el tema que recorre el mundo entero. Estamos en los inicios, es decir, en su fase organizativa y en las declaraciones de apoyo incondicional y condicionado a los Estados Unidos por parte de los gobernantes de los países.

Mientras tanto en el pueblo se oyen opiniones diversas, desde el que sostiene que si no trabaja no come y que no le importa lo que pase en el resto del mundo, hasta aquellos que aprovechando las aguas revueltas ven terroristas hasta en su propia sombra. Es evidente que lo que ocurra en Estados Unidos nos afectará a todos.

También es cierto que las guerras no solucionan problemas y más bien generan desgracias de todo tipo, y el mejor ejemplo lo tenemos en Nicaragua. Dado que aún no se conocen los giros de esta anunciada guerra de Estados Unidos contra el terrorismo, creemos que hace falta precisar algunos conceptos. Por ejemplo, el de terrorismo, aunque en principio se le relaciona con quienes atenten contra la seguridad de los intereses norteamericanos y de sus ciudadanos.

Por su parte, los gobernantes locales ya empezaron “su propia lucha contra el terrorismo”. Me permito sugerirles a los gobernantes locales (particularmente a los de Centroamérica y Nicaragua, en especial) que deberían poner su barba en remojo. Porque los Estados Unidos no están dispuestos bajo ningún concepto en desgastarse en una guerra costosísima, mientras los gobernantes locales (que mantienen sus economías sobre la base de préstamos de Estados Unidos) son denunciados diariamente en los periódicos y en la Contraloría, y en la Procuraduría de Justicia por actos de corrupción.

Y para colmo, en los informes internacionales, Nicaragua ocupa un sitial sombrío entre los países de América Latina con mayor percepción de corrupción. La corrupción genera la mayoría de los males de las sociedades. Corrupción es sinónimo de pérdida de escrúpulos. La corrupción no tiene escrúpulos ni nacionalidad, y encabeza uno de los puntales del terrorismo en el mundo. Seguramente muchos gobernantes locales, incluyendo Nicaragua, aprovecharán las circunstancias especiales que vive Estados Unidos para congraciarse identificando y acusando a todos aquellos ciudadanos que no sean de su agrado.

Por supuesto que los organismos de inteligencia de los Estados Unidos saben diferenciar muy bien entre terroristas y ciudadanos que luchan contra el neoliberalismo, o los que lo hacen contra los corruptos y sus cómplices. De manera que hay que delimitar el concepto de terrorista, porque quien pone la bomba es el ejecutor, luego hay que identificar al autor intelectual, y a quien pone el dinero. Y el dinero de la corrupción y el narcotráfico y el trasiego de inmigrantes están siempre disponible para atacar a quienes desean vivir en paz y trabajar honradamente.

Basta el ejemplo, el de Vladimiro Montesinos que combatía a los terroristas de Sendero Luminoso basado en el terrorismo del narcotráfico y la corrupción. El mismo general Noriega que persiguió a los opositores panameños acusándolos de terroristas, siendo él un capo del narcotráfico y de la corrupción.

Reflexionemos, llamemos a las cosas por sus propios nombres para no polarizar más a la población. Y los que andan con bombos y platillos pensando que se van a quitar de encima el lastre de la corrupción acusando de terroristas a diestra y siniestra, que no se apresuren, que la justicia tarda pero llega, y llegará por ellos.

* El autor es sociólogo.  

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí