Bacteria data desde la I Guerra Mundial

La Vanguardia digital (Redacción) BARCELONA.-La bacteria “Bacillus anthracis” fue militarizada durante la Primera Guerra Mundial. Luego fue llamada a filas en algunos conflictos. Durante la Guerra Fría, ambos bandos se acusaron mutuamente de haberla empleado, pero su utilización sigue rodeada de un fuerte secretismo pese a que la investigación sobre ésta y su producción son […]

La Vanguardia digital (Redacción)

BARCELONA.-La bacteria “Bacillus anthracis” fue militarizada durante la Primera Guerra Mundial. Luego fue llamada a filas en algunos conflictos. Durante la Guerra Fría, ambos bandos se acusaron mutuamente de haberla empleado, pero su utilización sigue rodeada de un fuerte secretismo pese a que la investigación sobre ésta y su producción son muy conocidas.

La célebre bacteria, causante del carbunco o “anthrax” en inglés, ahora rebautizada ántrax, fue desarrollada como arma por primera vez en Estados Unidos por un médico de origen alemán. En su casa de Washington, el doctor Anton Digler cultivó la bacteria a partir de cepas proporcionadas por el gobierno alemán durante la Gran Guerra (1914-1918), con el fin de infectar el ganado equino y bovino que Washington exportaba a países enfrentados a Berlín. Unos 3,000 animales enfermaron y varios centenares de soldados resultaron infectados en el frente.

Si la Primera Guerra lanzó la máquina infernal, la Segunda la aceleró. Entre 1932 y 1945, el ántrax fue movilizado por el Imperio del Sol Naciente. El Ejército japonés probó sus armas biológicas con prisioneros en la China invadida. Murieron unos 3,000. Los militares japoneses utilizaron —según “Liberation”— ántrax y otras armas biológicas contra numerosos pueblos chinos.

En 1972 fue firmada la Convención contra Armas Biológicas y Tóxicas, en Moscú, que entró en vigor en 1975. Entre los primeros firmantes estaban la URSS y EE.UU. Pese a ello, una fuga de ántrax en 1979 en la fábrica de Sverdlovsk evidenció que la Unión Soviética seguía produciendo armas biológicas. En esta tragedia, sólo reconocida en 1992, murieron unas 100 personas. Desde 1973, el Kremlin había creado un complejo con unos 9,000 científicos en 40 laboratorios. Tras la disolución de la URSS se teme que algunos de sus investigadores hayan vendido material o información sobre armas biológicas o químicas. Moscú ha perdido el control de sus “stocks”, titulaba “Le Figaro”.

EE.UU. renunció a las armas biológicas en 1969. En la actualidad, la Casa Blanca carece de programas para impulsarlas, pero posee las cepas y la tecnología para reemprenderlos y bloquear el protocolo de verificación de la citada convención. Según la cadena CNN, Washington sigue con la investigación biológica defensiva. Podría ser el caso de Francia y otros países occidentales.

Pese a la convención que prohíbe las armas biológicas, varios estados son sospechosos de invertir en este terreno —las dos Coreas, Israel, Siria, Libia, Irán, China, India, Pakistán…— y especial relevancia ha tenido el caso iraquí por las inspecciones de la ONU. Antes de la Guerra del Golfo, en 1990, Irak había producido 8,500 litros de ántrax. Las armas biológicas desarrolladas por Occidente en un principio han sido un bumerán en manos de los terroristas.  

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