- Asesino cumplió sus advertencias
Jerónimo Duartee Iván Olivares B.Corresponsal/NUEVA [email protected]
Tratar de perpetuar su estirpe poniéndole sus apellidos a la hija que su mujer había engendrado con otro hombre, le costó la vida a Pedro González Gutiérrez, a quien Francisco Valeria Alcántara, de 40 años, y padre de la criatura en disputa, había advertido que ese sería el precio si intentaba robarle no sólo a la mujer y a la niña, sino también sus derechos sobre la menor.
Todo comenzó hace unos meses, cuando Francisco llevó a trabajar a su propiedad a un amigo de nombre Pedro, a quien se encontró durante un viaje a Camoapa y Boaco. Según el reporte policial, Francisco convivía no sólo con su mujer, sino con la hija de ésta, que esperaba una hija suya.
PREFIRIÓ CORRERLO
Para su malestar, la sospecha inicial de que Pedro estaba entendiéndose con la muchacha embarazada se convirtió en una certeza que lo molestó mucho, pero se contuvo de reaccionar con violencia y se limitó a despedirlo de inmediato, comprobando despechado que la muchacha estaba enamorada de Pedro.
Durante un tiempo, el noviazgo continuó por medio de terceras personas que llevaban mensajes de amor y los infaltables papelitos, sin que ninguno sospechara que su amor llevaría a la tumba al galán enamorado.
Finalmente, Pedro y la muchacha decidieron irse juntos, aunque ella estuviera embarazada de su padrastro, que hizo una doble amenaza a su rival: lo mataría, tanto si no dejaba a su entenada, como si decidía darle sus apellidos a la criatura por nacer.
BALAS Y NO BENDICIONES
González estaba tan enamorado de su mujer y tan entusiasmado con la criatura, que desestimó el riesgo que corría su existencia, y el lunes se acercó al templo católico del poblado de Verdún, unos cinco kilómetros al sur de esta cabecera municipal junto a su nueva señora, para recibir el primer día de charlas bautismales.
Más que bendiciones y buenos deseos, lo que Pedro encontró en aquel lugar fue al enfurecido Francisco, que lo estaba esperando para propinarle cuatro balazos de fusil calibre 22.
El pobre hombre recibió tres impactos de bala en el tórax y uno en la mandíbula, que acabaron con su historia de amor por una mujer y una niña que no le pertenecían.
El teniente Francisco Morales, jefe de Investigaciones Criminales de la Policía Nacional en la zona, envió una patrulla para capturar al asesino, pero éste no fue encontrado.