La ironía del terrorismo

Dr. Fernando Avilez Cevasco Lo que pasó el martes 11 de septiembre del presente año en la potencia número uno de nuestro planeta es inaceptable bajo cualquier punto de vista. Algo que me llamó la atención de todo esto es la ironía con que los nicaragüenses reaccionamos ante esto. Tres mil familias nicaragüenses campesinas del […]

Dr. Fernando Avilez Cevasco

Lo que pasó el martes 11 de septiembre del presente año en la potencia número uno de nuestro planeta es inaceptable bajo cualquier punto de vista. Algo que me llamó la atención de todo esto es la ironía con que los nicaragüenses reaccionamos ante esto.

Tres mil familias nicaragüenses campesinas del norte (hombres, mujeres, niños y criaturas recién nacidas) caminaron desde Matagalpa hacia Managua por razones conocidas. ¿Quién pidió por ellos en alguna misa con tanta evocación como la de estos días? ¿Quién mandó miles de “e-mail” para pedir una oración por ellos?. Y así recordemos (¡porque el nica fácil olvida!) otros ejemplos similares: los 3,000 muertos que dejó el huracán Mitch, los 30,000 jóvenes que murieron en la guerra de los ochenta, las 5,000 almas humanas que perecieron durante la insurrección en 1979 bajo bombas de 500 libras lanzadas por la Guardia Nacional del presidente Anastasio Somoza sobre los barrios orientales de Managua, y que bastó que muriera un periodista norteamericano llamado Bill Stewart (y no 5,000 pobres nicaragüenses) para que EE.UU. acabara con la dictadura somocista.

Con frecuencia me preguntó ¿dónde está el Dios de los pobres? Y me respondo como buen cristiano: con los pobres. El hecho de que el acto terrorista haya sido en EE.UU. y le haya dado la vuelta al mundo, no nos debe hacer olvidar que aunque somos morenos, negros, analfabetos, desnutridos, pobres y no hablamos inglés, y por ende no seamos “noticia” para el mundo, no significa que no somos seres humanos.

“…se cosecha lo que se planta…”  

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