Alfonso Dávila
Horas antes de la madrugada del 12 de octubre de 1492, el almirante Cristóbal Colón desesperado y preocupado por lo incierto de su viaje escribía en su “Diario” (después conocido este texto como Diario de Colón) las peripecias de los días anteriores al descubrimiento. Cada página es un relato vivo y muy fiel de todo lo sucedido a partir de agosto.
Prosa muy sentida, vivaz y elocuente conforman el libro conocido como dijimos (“Diario de Colón”) y cuando el grito célebre de Rodrigo De Triana anunciando “Tierra, Tierra” para colmar de algarabía a la gente de Colón, vino el desembarco en Guanahaní el “Diario” describe las bellezas de las montañas que rodeaban la isla, la admirable floresta, y el revoloteo de las aves como la estupefacción de los nativos. Este momento histórico singular e inolvidable se define como el descubrimiento de nuestro querido continente.
Pero desde ahí hasta hoy América (¿por Américo Vespucio?) vive y ha vivido lamentablemente una historia desafortunada. Es triste y muy penosa esa verdad, pero no podemos negar que en cada hecho conformativo de esa historia se han visto correr lágrimas, sentir traiciones, lo mismo que tragedias y crímenes cometidos con dolo y ventaja.
Por la brevedad de enumeración de centenares de acontecimientos y vivencias propias originadas del descubrimiento con el seguimiento de la Conquista y la Colonia me limito no obstante de los miles de documentos que son un permanente acopio histórico presentar factores de valioso contenido sociopolítico de mucho nivel.
El vínculo España-América es real y se plasma en hechos y acontecimientos muy singulares y particulares. No puede desligarse de estos acontecimientos la intervención de la Iglesia Católica que jugó y sigue jugando un papel muy decisivo en el Continente Americano: (Al ídolo de piedra reemplaza ahora el ídolo de carne que se entroniza). Los conquistadores fueron férreos e implacables en sus faenas, pues el temor, la tortura, la violencia y la muerte coadyuvaron al fin de sus propósitos y entran los nombres de Francisco Hernández de Córdoba, Hernán Cortés, Pedro de Alvarado, Francisco Pizarro y los rebeldes y heroicos caciques Cuauhtémoc, Nicaragua, Diriangén, Lempira, Moctezuma, Atahualpa, Caupolicán.
Merecen estos rebeldes con causa nuestro total reconocimiento histórico-político. Recordemos lo ordenado por Pedrarias Dávila a Francisco Pizarro para que emprendiera una expedición de conquista a las tierras del sur, muchos se negaban a tal empresa y Pizarro dijo “Por aquí se va a Panamá a ser pobre y aquí al sur a la riqueza. Escoja el buen castellano lo que mejor le tuviere”. Y aquí en Nicaragua la sombra de Pedrarias fue muy funesta como ya conocemos.
Y ya en la vida independiente aparecieron sujetos locos devotos del poder y la riqueza y así desfilan Porfirio Díaz, Leónidas Trujillo, Estrada Cabrera, el General Ubico, Carías Andino, el General Martínez, José Santos Zelaya, el clan Somoza y otros que no ocultan el ansia y el sueño del poder y la riqueza. Mencionamos a Sdroesnner, a Velascos Ibarra, a Fidel Castro y otros que nunca ocultan sus ansias interesadas de dominio de los pueblos.
Finalmente recordemos a Juan Domingo Perón con la salvedad de que a Evita Perón siempre la recordamos con cariño y simpatía. América puede decir en alta y claras voces ¡soy la América desafortunada!
El autor es asesor legal penal