Nicaragua necesita crecer

Róger A. Cerda*[email protected] Los nicaragüenses necesitamos recuperar la autoestima, la esperanza y la confianza en el futuro de nuestro país. Para ello, necesitamos un plan para crecer económicamentea, progresar socialmente y modernizar la política, el Estado. El crecimiento no podrá serlo de cualquier modo ni a cualquier costo, ni con cualquier tipo de inversión. Debemos […]

Róger A. Cerda*[email protected]

Los nicaragüenses necesitamos recuperar la autoestima, la esperanza y la confianza en el futuro de nuestro país. Para ello, necesitamos un plan para crecer económicamentea, progresar socialmente y modernizar la política, el Estado.

El crecimiento no podrá serlo de cualquier modo ni a cualquier costo, ni con cualquier tipo de inversión. Debemos primero definir un modelo de crecimiento su dirección, en una economía frágil, que es cada vez más de mercado y en un mundo cada vez más globalizado. Nicaragua merece un crecimiento de calidad, lo cual significa:

– crecimiento sostenible basado en un esfuerzo permanente y continuo por una mayor equidad, alivio de la pobreza y dotación de servicios públicos a los más pobres,

– crecimiento basado en la eliminación de los gastos superfluos y desperdicios en elevados salarios de algunos funcionarios públicos,

– crecimiento sostenible en el tiempo sin causar desequilibrios financieros internos ni externos,

– crecimiento acompañado de una inversión adecuada, particularmente inversiones en los seres humanos, en educación y salud,

– crecimiento que promueva la protección del medio ambiente y la naturaleza y el respeto a los valores culturales nacionales,

– crecimiento del ingreso y del consumo, cuyo principal factor sea el aumento del ahorro privado nacional, de manera que la estrategia de crecimiento, indirectamente, promueva, a su vez, el crecimiento del ahorro privado, generando así un círculo virtuoso que nos desintoxique definitivamente de la dependencia de la ayuda externa.

– crecimiento basado en inversiones de calidad, que promuevan empleos permanentes, productivos, calificados y divisas.

Los flujos de ayuda externa deben ir paralelos con marcos de política transparentes y diseñados para alcanzar un crecimiento de calidad en todas sus dimensiones. Es necesario, pues, un abordaje integral del diseño de las políticas y de la gerencia de la ayuda internacional, asegurándonos que los pobres serán realmente beneficiados.

Hay que nacionalizar la cooperación externa. Políticas de desarrollo nacional, un plan de nación, que hemos reclamado desde 1992, son los que deben dar el marco a los programas de asistencia exterior, incluyendo el ESAF/PRGF y la HIPC, pues somos pobres desde antes del ESAF, de la HIPC y desde antes que nos endeudaran.

El diseño de los programas de financiamiento del Fondo Monetario y de la comunidad internacional para Nicaragua debe entender las razones de nuestra pobreza y nuestro endeudamiento, el porqué de los ingresos son tan bajos y de la deuda externa tan alta. Hay que entender por qué entre más ayuda externa se entrega el país se empobrece más y se endeuda más.

Entre las causas o factores de pobreza y endeudamiento, hay unos que están fuera del control de los gobiernos, como un entorno internacional hostil, débiles precios de los productos de exportación, guerras civiles anteriores o latentes, alta exposición a desastres naturales sin mecanismos ni infraestructura adecuada, y condiciones climáticas adversas. Otros reflejan situaciones que se presentan en los países donantes-acreedores, tales como un flujo declinante de recursos y crecientes presiones hacia créditos no concesionales.

Sin embargo, hay causales de pobreza y endeudamiento que son producto directo de las políticas nacionales históricas caracterizadas por un pésimo manejo macroeconómico, severas distorsiones estructurales, mala ejecutoria tanto en el sector público como en el sector privado, autoritarismo cultural y, el arraigo de la cultura de la dependencia, la intoxicación limosnera y la mendicidad internacional.

La conclusión efectiva es que los recursos que nos ha facilitado la comunidad internacional no fueron utilizados productivamente; ni siquiera el ESAF, pues el ingreso nacional no creció, mientras la deuda creció enormemente y la población se empobreció aún más. En consecuencia, el bajo ingreso y la elevada deuda tienen muchas causas comunes [“¿Dónde está la plata?”].

La pobreza no se eliminará mientras persistan sus causas y eso tomará tiempo.

Publicaciones del FMI decían desde 1997 que, “después de 10 años, los países con programas ESAF siguen siendo las más pobres del mundo”. El caso es que para crecer se necesitan políticas de crecimiento y no políticas recesivas, deflacionarias y contractivas.

Para dejar de ser pobre y para pagar su deuda, Nicaragua necesita crecer.

* Presidente de RAC International y del Centro de Relaciones Internacionales  

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