José Antonio Poveda Salvatierra
Al ocurrir los acontecimientos del 11 de septiembre en los Estados Unidos, producto de actos terroristas debidamente calificados por el derecho internacional, se ha planteado un dilema del envío de las remesas de los nicaragüenses en el exterior. Igualmente otras circunstancias de orden interno, como es la decisión política fundamental del pueblo nicaragüense en las votaciones presidenciales, acontecimiento que dependerá de la voluntad del pueblo de Nicaragua y que repercute en todas las actividades de la vida nacional.
Las remesas, recursos monetarios que los emigrantes obtienen trabajando en el extranjero y luego envían a su país natal, son una de las consecuencias más visibles de la emigración en las naciones en las que ésta se originan. El envío de recursos de los trabajadores que emigran a Estados Unidos a sus familiares y sus comunidades no es exclusivo de los países latinoamericanos; se calcula que las remesas ascienden en todo el mundo a más de 71,000 millones de dólares, de los cuales más de 5,700 millones se destinan a América Latina y el Caribe.
Las remesas son enviadas por todos los tipos de emigrantes, legales e ilegales, permanentes y temporales; de clase baja y alta; adultos y jóvenes; solteros y casados; mujeres y hombres. Ciertas categorías de emigrantes tienden a emitir más fondos que otros, pero por lo general envían del 6 al 16% de su ingreso a su país de origen. Sin embargo, las remesas tienden a disminuir después de la primera o segunda generación, y el flujo continuo de recursos depende de los emigrantes.
La decisión de enviar remesas depende de factores diversos.
Algunos estudios señalan que la cantidad de dinero varía en función de la edad, el mercado de trabajo de Estados Unidos, la experiencia, los ingresos mensuales, el lugar de residencia en aquel país, el dominio o derecho de propiedad sobre su lugar de residencia, el acceso al capital, la duración del viaje y los costos de la emigración. Una vez que los emigrantes cuentan con un ingreso disponible suficiente toman la decisión de cómo y cuánto enviar. Con frecuencia lo determinan basados en las necesidades de sus familias. Algunos de los medios más comunes han sido cheques, órdenes de pagos y transferencias telegráficas, así como envíos electrónicos, mensajerías o correo expreso, servicio postal, entrega personal o por medio de amistades y familiares y envíos en especie, como ropa y otros artículos de consumo.
Sin embargo, con el fin de aumentar la eficiencia en las remesas, saber quiénes las envían y quiénes las reciben y cómo se usarán probablemente es más importante que saber las verdaderas cantidades, en tanto que hay consenso en que son cuantiosas y representan partes importantes de la economía de varios países. Conviene explorar quiénes las envían, cómo afectan las remesas a sus familias y a las comunidades en Estados Unidos, y cómo las redes pueden movilizarse. Aunque hay gran cantidad de casos de estudio acerca del uso de las remesas y éstos son muy consistentes, los investigadores han propuesto modelos para calcular los efectos directos e indirectos de las remesas en el comercio de bienes y servicios, crecimiento del ingreso, beneficio de la economía y contribución al ahorro. Sobre el desarrollo de pequeños negocios cabe indagar si el flujo de remesas en ciertas comunidades promueve que quienes no emigran establezcan negocios que provean bienes y servicios que las remesas pueden pagar. Las respuestas a estas preguntas podrían explicar por qué algunas comunidades han progresado gracias a las remesas y otras no.
En cuanto a las emigraciones con fines económicos, los centroamericanos comparten los objetivos de los vecinos mexicanos y caribeños que buscan, en Estados Unidos principalmente, mejores condiciones de vida. Cabe señalar que estas tendencias no sólo son regionales sino que mundiales y se asocian a la globalización y a la apertura de los mercados comerciales y laborales.
Nicaragua se enfrenta a una situación de transición política, producto de un proceso electoral que se avecina, que plantea retos a la política de Estados Unidos. Además, al igual que sucede con América Central y el Caribe, la relación entre los objetivos de la política externa y los de la política en materia de inmigración no siempre es clara y en ocasiones puede llegar a ser conflictiva. Estos factores contribuyen a la inestabilidad económica, las presiones migratorias y la fuga de refugiados.
El sistema migratorio surge de la conjunción de tres grupos de procesos ampliamente relacionados: 1. La integración de los mercados locales y nacionales de la economía global. 2. La tendencia inherente de la emigración, producto de situaciones internas de cada uno de los países, como el deterioro económico, la inseguridad jurídica, inseguridad ciudadana. 3. Los efectos de las políticas que giran en torno al fenómeno migratorio, así como de las políticas de desarrollo, demográficas, externas y económicas.
El autor es Vicedecano Facultad de Derecho UNAN-León.