Margarita Corté[email protected]
Daniel Ortega evita entrevistas con medios tan prestigiosos como Telemundo, que buscan preguntar al comandante sobre sus nexos con el terrorismo internacional. El que las debe, las teme. Daniel sabe que el mundo democrático conoce de sus membresías en la Mathaba, el Foro de Sao Paulo y otra cantidad de movimientos antinorteamericanos.
El comandante, que ahora se viste de rosado, después del ataque terrorista contra los Estados Unidos ha llamado a la “prudencia” con respecto a las acciones antiterroristas. También lo ha hecho su “hermano” Fidel Castro, quien ha pedido a los Estados Unidos “que sean serenos”. El otro “hermano”, Saddam Hussein, ha dicho que “los Estados Unidos cosecharon las espinas plantadas por sus líderes en el mundo entero”.
Lo cierto es que todos estos “hermanos” abrazan los mismos rabiosos ideales “antiimperialistas” y tratan descaradamente de confundir a la opinión pública con todo tipo de cuentos para ocultar sus misteriosas conexiones. Ahora tienen pavor de que la justicia los desenmascare, por eso se hacen los consternados y sordos.
Todo el mundo sabe que la Cuba de Castro, el principal aliado de Ortega, ha sido siempre el amparo de terroristas, desde los Black Panthers de los años sesenta hasta los actuales miembros de la ETA. Ahí se entrenaron los camaradas sandinistas, al lado de terroristas vascos, irlandeses, colombianos y de una larga lista de narcotraficantes y secuestradores. La Constitución de Cuba “reconoce la legitimidad de la resistencia armada a la agresión”, que según Castro y Ortega “sufren países como Libia, Irán”.
Por supuesto, Ortega, que seguramente se graduó con notas sobresalientes en el manejo de estrategias estalinistas y castristas, sabe que en las actuales circunstancias debe vestir de rosadito, andar diciendo que ha cambiado, hacerse el sordo cuando le preguntan sobre sus implicaciones con el terrorismo y negar su currículo de “child molestor”. Los medios en Estados Unidos y Europa, cuando se refieren a Ortega, tienen también muy presente lo de “child molestor”. Es que, para el mundo democrático, es inconcebible que un señor con todas esas “cualidades” tenga pretensiones presidenciales.
De todas maneras, el rosadito de nada le sirve a Daniel. Todos sabemos que Ortega no hace más que seguir el viejo principio: “El fin justifica los medios”. Ortega, aunque se ponga ropajes angelicales, como lo hizo en 1996, no se puede desprender de sus comprometedores nexos con Castro, Gadafi y compañía. Simplemente porque es parte del clan. Los expertos saben bien cuáles son las relaciones de Cuba con el terrorismo internacional, país que Ortega visita cuando Castro lo llama. Las implicaciones son muchas.
Fidel se reunió hace unos meses con el Ayatolá Ali Khamenei de Irán, quien le propuso a Castro cooperación “Iraní-Cubana” contra los Estados Unidos. A su regreso a La Habana, Castro dijo que “Irán y Cuba pueden poner de rodillas a los Estados Unidos”. En su visita a Teherán, a Castro le dieron hasta un doctorado honorario por su lucha “contra la opresión”. Castro mantiene también relaciones muy cercanas con Gadafi. Según un reciente cable de AP, Castro visitó a Gadafi al menos seis veces entre marzo y mayo pasado. Ortega también lo hizo por esas fechas. Castro visitó además Irán y Siria, ¿para qué? Ahora se habla de armas biológicas.
Se dice que Castro está desarrollando este tipo de armas en la zona de Miramar, en La Habana, ya que “para combatir al imperialismo, todo se vale”. Por si faltara sal a la sopa, los “amigos chinos”, a los que hace poco visitó Tomás Borge, tienen una estación de espionaje en las afueras de La Habana.
Por muchos ropajes psicodélicos que ahora se ponga, Ortega no se desprenderá jamás de sus pieles antinorteamericanas, olientes a terrorismo. Son demasiado evidentes, fácilmente lo delatan. Por eso Ortega evita entrevistas con medios como Telemundo.
La autora es nicaragüense residente en Valencia, España