El discurso de Keane

Bajo este mismo título, el recién pasado domingo 7 de octubre publicamos el texto completo del discurso que pronunció el Subsecretario Adjunto de Estado (Interino) de Estados Unidos de Norteamérica para el Buró del Hemisferio Occidental, John F. Keane, en el curso de una conferencia que tuvo lugar el 4 de octubre en la ciudad norteamericana de Pittsburgh, Pennsylvania, sobre el tema “Elecciones presidenciales en Nicaragua: implicaciones en el Hemisferio”.

Por la trascendencia política y el carácter oficial del planteamiento que hizo el señor Keane con respecto a las elecciones nicaragüenses del 4 de noviembre, consideramos necesario que fuera conocido íntegramente por los lectores de LA PRENSA —quienes en términos generales son líderes, formadores y multiplicadores de opinión— ante unos comicios que vuelven a ser plebiscitarios (como los de 1990), ahora entre la continuidad del actual gobierno del Partido Liberal Constitucionalista y el regreso al poder del FSLN y su líder máximo Daniel Ortega Saavedra.

El subsecretario interino John Keane abordó nueve aspectos del proceso electoral y las elecciones nicaragüenses del 4 de noviembre: 1) La libertad de prensa y los medios de comunicación en un proceso electoral libre y confiable; 2) Las deficiencias en los preparativos de las elecciones y la partidarización del Consejo Supremo Electoral; 3) Las tensiones y el potencial de violencia por la polarización electoral; 4) El respaldo estadounidense a un conteo rápido independiente que se conozca de inmediato; 5) Las distintas formas de apoyo de Estados Unidos al proceso electoral, a los organismos observadores y a las campañas de educación cívica; 6) La ayuda que Estados Unidos ha brindado a Nicaragua para enfrentar los daños de los últimos desastres naturales (el huracán Mitch y la sequía); 7) Los avances del proceso democrático nicaragüense y sus beneficios, la estabilidad regional; 8) La guerra contra el terrorismo internacional y la lucha contra la corrupción y la violencia que socavan la democracia; y, 9), La preocupación estadounidense ante la eventualidad de que se establezca un nuevo gobierno sandinista, por los antecedentes del FSLN en la décadade los ochenta en materia de violaciones a la libertad, la democracia y los derechos humanos, por la reiterada amistad sandinista con gobiernos y personas que apoyan o fomentan el terrorismo, y por la falta de señales concretas y convincentes del FSLN para demostrar que ahora podría gobernar en forma confiable, nacional e internacionalmente.

Este último punto es el más importante del discurso de Keane y no por casualidad fue a ése, precisamente, que reaccionó el candidato presidencial sandinista, Daniel Ortega, quien exigió a los gobernantes estadounidenses que “no se metan” en la campaña electoral nicaragüense (porque) “estamos en una elección que se está dando en Nicaragua, la decidimos los nicaragüenses, y ellos (EE.UU.) tienen que ser respetuosos de la voluntad de los nicaragüenses, no deben hacer una política de injerencismo”.

Sin dudas que es importante la discusión acerca de que si son injerencistas o no los planteamientos del funcionario estadounidense Keane (igual que los que hizo el subsecretario de Estado Adjunto norteamericano, Lino Gutiérrez, en junio pasado), y sobre el hecho históricamente comprobado de que tras el principio de la no injerencia en los asuntos internos de los Estados se han protegido gobernantes criminales que aplastaron la libertad, la democracia y los derechos humanos. Pero en esta oportunidad lo que debemos subrayar es que este incidente entre el funcionario norteamericano Keane y Daniel Ortega, parece augurar que si el FSLN regresara al poder volverían también las tensiones y enfrentamientos del gobierno de Nicaragua con los Estados Unidos, con todas las consecuencias negativas para los intereses de la nación que eso acarrearía.

Por cierto que esas consideraciones del funcionario norteamericano sobre la incertidumbre que provoca la posibilidad de que se establezca un nuevo gobierno sandinista con los mismos líderes de antes y de siempre, quienes no han renunciado expresamente al totalitarismo ni a los vínculos con la internacional extremista, las ha hecho LA PRENSA en múltiples ocasiones. Y de nuevo debemos lamentar que los extranjeros tengan que decirle a los nicaragüenses qué es lo que se debería hacer para fortalecer la democracia, salvaguardar la libertad y tener un gobierno que contribuya a la estabilidad internacional, no a lo contrario.  

Editorial
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