- Ripken y Gwynn, dos leyendas
espectaculares
Edgard Tijerino M. [email protected]
Qué desgracia, todos envejecemos, todos llegamos a flaquear, y todo se acaba, incluso super-peloteros como Cal Ripken y Tony Gwynn, que en cierto momento, dieron la impresión de ser indestructibles.
Ripken planeó un asalto a largo plazo considerado imposible, y logró arrebatarle al legendario Lou Gehrig un récord que parecía más consistente que las montañas de Colorado: 2.130 juegos consecutivos en el line-up, y lo más importante, produciendo emociones con un elevado nivel de rendimiento.
Bateador con más de 3.000 hits, más de 400 jonrones, más de 1.600 empujadas, brillante fildeando, impresionante con sólo 3 errores en 161 juegos como short stop, disciplinado por excelencia, Ripken fue creciendo con un solo uniforme, el de los Orioles, hasta convertirse en una leyenda viviente.
Fue Novato del Año en 1982, y al año siguiente, Más Valioso de la Liga, título que volvió a obtener en 1991… También un Más Valioso en Juegos de Estrellas y ganador de Guantes de Oro, Ripken era un pelotero que todo manager y toda organización deseaba tener.
Llevó el récord de Gehrig a 2.632 juegos y quedó instalado como el nuevo “Caballo de Hierro”, en una época agobiante en que se recomiendan descansos saludables a los peloteros.
Igual que Gehrig, derrotó todas las circunstancias adversas para mantenerse en el line-up respondiendo a las expectativas.
¿Será Ripken la primera escogencia unánime para el Salón de la Fama?… Es una posibilidad que estará latiendo por los próximos cinco años, hasta que llegue el momento de la votación.
¿Y Gwynn, el último de los bateadores puros? El se estableció rápida y convincentemente como un científico en el cajón de bateo, fue un estudiante con maestría en el difícil arte de descifrar los lanzamientos, un observador permanente de todos los movimientos, un analista profundo y un eficiente autocrítico permanentemente sometido a sus propias correcciones.
“Nunca creas que eres lo suficientemente bueno para no seguir batallando por mejorar. La excelencia necesita de trabajo extra diario”, dijo en un diálogo con Peter Gammons antes de la temporada de 1995.
Ganador de ocho cetros de bateo, igual que Honus Wagner y sólo superado por los 12 del fabuloso Ty Cobb, el formidable Gwynn de 41 años entró a la presente temporada con una racha de 18 promedios de 300 puntos y fue el peor enemigo del as de los Bravos Greg Maddux.
En 1994, antes que la huelga paralizara el béisbol, Gwynn estaba bateando 394 puntos con seis semanas por delante, convirtiéndose en una gran posibilidad de terminar en los 400… Eso nunca lo sabremos. Tal opción, se hundió como un galeón con un tesoro oculto por culpa de la huelga.
El ¿cómo dominar a Gwynn? se convirtió en la más complicada ecuación para todo el pitcheo de las Grandes Ligas.
El lunes, el béisbol amaneció sin Ripken y sin Gwynn… Imaginen Paris sin el Arco del Triunfo y la Torre Eiffel…O Roma sin el Coliseo y la Basílica de San Pedro.
Los dos se retiran con un boleto asegurado para Cooperstown… A eso, podemos ponerle sello a la ciega.