- El mundo musulmán enfrenta una permanente lucha para mantener una identidad religiosa y cultural propia, al mismo tiempo que debe satisfacer las exigencias de la modernidad y encarar las fuerzas económicas, sociales y políticas de Occidente
Eric TalmadgeAssociated Press
NUEVA YORK.- En la pobreza abyecta de Afganistán, el Islam es duro y su justicia inexorable.
La mujer culpable de adulterio es condenada a morir apedreada. Y las milenarias estatuas budistas esculpidas en las rocas, símbolos de idolatría para la teocracia inflexible de los Talibán, son dinamitadas pese a los ruegos y la oposición no solamente de Occidente sino también de muchos países musulmanes.
En Arabia Saudí, la constitución es el Corán y sus tradiciones escritas. Además, todas las leyes deben conformarse a las doctrinas de la Sharia, o ley islámica.
Pero aquí es una familia real, y no el clero musulmán, quien gobierna el país. En las calles abundan las limusinas; las familias pueden ver televisión vía satélite, y en la capital, Riad, mujeres envueltas en mantos negros y jóvenes en pantalones vaqueros concurren a los grandes centros comerciales para ver y ser vistos.
Como han demostrado los ataques terroristas contra Estados Unidos y la respuesta que causaron, el mundo musulmán no es monolítico. El extremismo de Afganistán y sus presuntos lazos con el terrorismo lo han transformado en un paria entre las otras naciones musulmanas.
Incluso el gobierno de Pakistán, el único que mantiene relaciones diplomáticas con los Talibán, ofreció ayudar a Washington.
ENGAÑOSO ESTEREOTIPO
“En Occidente existe una percepción mal informada, porque mucha gente cree que los musulmanes de todo el mundo están furiosos y son unos seres primitivos y fanáticos”, opinó Salahuddin Ayub, un profesor de enseñanza religiosa de Malasia.
Occidente “no debería adoptar estereotipos, y debería comprender que existe una gran diversidad entre los países musulmanes de las diferentes regiones”, añadió.
El Islam nació en el Oriente Medio, pero se extendió mucho más allá de sus orígenes, física y espiritualmente.
En las distintas regiones en que se lo practica, el islamismo ha sido adoptado en forma muy diferente. Desde el África negra, las estepas de Asia y el archipiélago malayo, los musulmanes han evolucionado en medio de una gran diversidad y complejidad, nacidas de conflictos y compromisos.
EL FUTURO DEL ISLAM ESTÁ EN ASIA
La Meca y el Oriente Medio siempre figurarán en el corazón del Islam, pero seguramente será en Asia donde se modele su futuro. En este continente, apartado del mundo árabe, existen otras dificultades y otras tensiones.
Más de la mitad de los musulmanes de todo el mundo viven al este del puerto pakistaní de Karachi, y en Asia se encuentran las cuatro naciones que tienen las poblaciones musulmanas más numerosas: Indonesia, Bangladesh, Pakistán y la India.
En la nación musulmana más poblada del mundo, Indonesia, el almuédano llama a las plegarias de la tarde a los creyentes al mismo tiempo que millones de jóvenes acuden a las discotecas para bailar y consumir bebidas alcohólicas. Este año, una mujer fue elegida presidenta.
En Asia se alzan voces para imponer rígidamente los ideales integristas del Islam. Por ejemplo, en unas partes de Malasia las mujeres recibieron orden de llevar pañuelos en la cabeza, y algunas autoridades locales en Indonesia cerraron los locales de diversión pública en Año Nuevo del año pasado para evitar enfurecer a los musulmanes durante su mes de ayuno y plegarias del Ramadán.
En Rusia, la agitación de los musulmanes en Chechenia afecta los confines meridionales de la Rusia postsoviética. En China, que mira con recelo todas las religiones, es un ingrediente más en la transición de la nación comunista. Y en las Filipinas, desde hace más de tres décadas una minoría musulmana libra una lucha insurgente contra la mayoría isleña, predominantemente católica.
Desde los ataques contra Nueva York y Washington, el Islam asiático ha quedado reducido, en opinión de muchos occidentales, a un comportamiento terrorista emanado de las montañas de Afganistán.
Empero, la historia del islamismo en Asia está cimentada en la tolerancia, el comercio pacífico y el misticismo del archipiélago malayo, adoptado por la multitud de creencias que en él proliferan.
Por ejemplo, en Pakistán, su capital Islamabad divide la práctica del islamismo entre una religión que impone férreas restricciones a los creyentes, tanto en las libertades personales como en creencias generales, y un credo más flexible que abraza la tolerancia y la diversidad.
EL DILEMA: SECULARISMO O TEOCRACIA
En países con amplio predominio musulmán y cuyos practicantes son mayoría, la mezcla de valores culturales, económicos y los ideales de la democracia occidental presentan opciones difíciles.
El mundo musulmán se pregunta hasta qué punto debe adoptar ese secularismo. Como telón de fondo resalta la permanente lucha del mundo musulmán para mantener una identidad religiosa y cultural, al mismo tiempo que encara las fuerzas económicas, sociales y políticas de Occidente, buscando cómo aprovecharlas para su propia modernidad.
Los políticos en Egipto y Jordania han intentado asimilar las libertades seculares al mismo tiempo que tratan de apaciguar a los fundamentalistas, reconociendo su influencia en un gran sector de la población, mal preparado para encarar las demandas de las economías modernas.
Empero, para los integristas, la política secular pasa a ser rápidamente una amenaza contra el Islam. Esa tensión queda reflejada en gran parte del Oriente Medio y entre los musulmanes de todo el mundo.
En Irán, dominado por una teocracia chiíta, los musulmanes lidian, muchos de ellos a regañadientes, con el legado del ayatola Rujolá Jomeini, cuya revolución integrista derrocó en 1979 al sha Mohammed Reza Palevi, ocupante del Trono del Pavo Real y Luz de los Arios. Jomeini impuso una rígida versión del Islam dominada por el clero y fue el primer Presidente de la República Islámica de Irán.
Bajo el presidente reformista Mohammad Jatamí, otro clérigo, han sido suavizadas algunas de las restricciones culturales y sociales.
Las mujeres se visten con más libertad y pueden cantar en público y actuar en los escenarios. Además, se ha autorizado la reanudación de los conciertos.
Algunos de los reformistas más atrevidos se preguntan si el sucesor de Jomeini, el ayatola Alí Jamenei, debería detentar el control político supremo que tiene o si debería ser solamente un líder religioso encargado de los asuntos espirituales.
Los integristas apegados a su definición de Estado islámico, empero, controlan los tribunales de justicia y cuentan con el respaldo de Jamenei.