Donald Chamorro C.
En la celebración del natalicio de una de las máximas glorias de nuestro pentagrama nacional, no me convoca hablar de su obra sino más bien del tiempo y el entorno en que le tocó vivir.
Encarna una época de nuestro país donde no había salas de concierto pero había una vida musical muy rica alrededor de las iglesias, los kioscos y los salones donde las clases sociales emergentes bailaban con la música galante y de moda.
Fue tanta la promoción y difusión de la música y los músicos en estos tres ámbitos, que sin ellos, no se explicaría ese maravilloso legado que hoy tenemos los nicaragüenses. En cambio hoy por hoy esa promoción el apoyo al arte nacional es casi nulo; los artistas generalmente tenemos que subvencionarnos el tiempo y el esfuerzo que amerita la creación artística.
El tema de la globalización y de la sostenibilidad cultural no se aborda ni teóricamente y ya estamos siendo partes pasivas, sin que nadie asuma la responsabilidad de hablar de esto.
La tendencia en este momento parece ser el privilegiar la recreación y la diversión muchísimo más que las expresiones de arte que cimentan nuestra memoria histórica y nuestra nicaraguanía. Para lo primero hay mucha promoción, mecenazgos, difusión y otras formas de apoyo.
¿Cuándo y quién apoyará efectivamente al arte nacional?
NORAD tiene un programa de apoyo al desarrollo de la música nicaragüense realmente efectivo pero, el Estado qué hace y las empresas y los mecenas nicas. ¿Cuánto ayudan y a cuántos?
La orquesta nacional tiene una situación de casi parálisis y Kinteto, el mejor Grupo de Cámara por la cantidad de música nacional rescatada y puesta en valor, por la excelencia de su interpretación y arreglos, casi no funciona en lo cultural; tenemos un entorno de orfandad, de falta de socios financieros que se interesen por la música que al final es la que va a perdurar.
Como estamos en época de elecciones, cabe mencionar que los políticos no deben ver a los artistas como parte del activismo propio de las campañas electorales donde el artista es sólo una decoración del acto. Tienen que entender que en “el país que soñamos”, el artista es sujeto y no un objeto marginal o marginado.
A inicios del siglo pasado, los músicos se ganaban la vida componiendo e interpretando esas eternas melodías que son un legado, hoy por hoy sus sucesores sólo pueden vivir con cierto decoro haciendo música recreativa, no en lo que construye nuestra identidad, en lo que contribuye a elevar el bagaje cultural.
En otras palabras y para muestra, preguntémonos: ¿Qué apoyo recibe la única orquesta que tenemos los nicaragüenses? ¿Cuántas actividades de arte y artistas nicaragüenses se han realizado en el Teatro Nacional en lo que va del año? ¿De los CD producidos por los diarios más importantes del país, qué porcentaje ha sido para promover y apoyar la música folclórica, regional y clásica nacional?
Creo que se debieran aprovechar las diferentes épocas del año para que las radios hagan sonar nuestra música. Creo que los productores debiesen aprovechar para grabar y comercializar, por ejemplo:
Los valses del maestro Vega Matus y del maestro Mena, para mayo el Mes de las Madres.
Los sones de marimba y sones de toro para las fiestas agostinas (esto es más propio que lo que sucedió este agosto, donde los CD fueron uno de rancheras y otro de Pimpinela).
En Navidad los sones de pascuas y villancicos. Los cantos de la Virgen del 7 y 8 de diciembre, creaciones en su gran mayoría del maestro Vega Matus.
Finalmente propongo también, que si cultura es lo que deviene del acto reiterativo de cultivar, el Estado, los mecenas y todo el que tenga posibilidad, debe sin más demora divulgar, promover, estimular, apoyar, en fin, hacer algo por los creadores e intérpretes de obras que tienen un valor cultural y que mejoran la calidad de vida espiritual de las personas.
Debemos tener presente como dice Hernán Alvarado Ugarte que “la herencia cultural supone una deuda (la de los herederos) y la memoria implica una identidad”.
El autor es músico.