Propaganda electoral inadecuada

El objetivo que persiguen los partidos en una campaña electoral es la conquista del poder político. Y para lograrlo se valen activamente de la propaganda electoral. Ésta se convierte así en un instrumento de persuasión y convencimiento mediante el cual se busca el favor de los electores.

En su propaganda los candidatos presidenciales ofrecen el cielo y la tierra con tal de ganar los codiciados votos que puedan llevarlos al poder. La imaginación de los publicistas partidarios se desborda en la elaboración de múltiples y coloridos anuncios. En ellos vemos a muchos ciudadanos —jóvenes, mujeres, ancianos, productores, etcétera—, expresando su apoyo a uno u otro candidato. Toda campaña electoral es así. Nada nuevo hay en eso.

Lo sorprendente y raro en la presente campaña electoral es la participación de un político extranjero en los anuncios de uno de los partidos contendientes. Es el caso de un anuncio televisivo del FSLN en el que aparece un diputado chileno haciendo propaganda a favor del candidato sandinista. Se trata del diputado demócrata cristiano, Gutenberg Martínez, quien en el anuncio referido aparece diciendo que si él fuera nicaragüense votaría por la Convergencia Nacional e inmediatamente después aparece la imagen del candidato Daniel Ortega. Como es sabido, Convergencia Nacional es el nombre que usa el Frente Sandinista para identificar su alianza con otros partidos y personas en la presente campaña electoral, pues la organización política registrada en el Consejo Supremo Electoral es el partido FSLN.

No es impropio en un país donde impera la libertad de expresión, que un político extranjero venga y se exprese a favor del partido o candidato que pertenece a su propia corriente ideológica. Lo que no es del todo correcto es que haga propaganda política partidaria y de esa manera participe en la campaña electoral de Nicaragua. Las elecciones nacionales deben ser decididas por nicaragüenses exclusivamente. Es perfectamente legítimo que cualquier ciudadano de este país —salvo contadas excepciones de personas en cargos públicos que requieren imparcialidad política— aparezca en un anuncio propagandístico endosando explícitamente al candidato de su preferencia, si así lo desea, pero no es legítimo que lo haga un ciudadano de otro país.

Se recordará que en junio pasado el subsecretario de estado adjunto para asuntos interamericanos del gobierno de Estados Unidos, embajador Lino Gutiérrez, pronunció un discurso durante un almuerzo organizado por la Cámara Americana de Comercio, en el que expresó la política exterior de su gobierno hacia Nicaragua. Y mencionó seis condiciones que, de ser cumplidas por el gobierno que resulte electo en las elecciones de noviembre, harían que Estados Unidos mantenga unas “relaciones excelentes” con Nicaragua.

Según Gutiérrez, las relaciones serían excelentes si el próximo gobierno: “1) demuestra su respeto a las prácticas y principios democráticos; 2) respeta los Derechos Humanos y los derechos de propiedad privada; 3) se compromete a la transparencia y ataca a la corrupción; 4) participa en la lucha contra el narcotráfico, tráfico de ilegales y otros crímenes organizados de orden internacional; 5) propicia un clima favorable al libre mercado y a la inversión extranjera; 6) evita el contacto con estados que constituyen una amenaza para el mundo y que apoyan al terrorismo, o que en otros aspectos no comparten los valores de la comunidad mundial”.

Pues bien, no había terminado su discurso el embajador Gutiérrez cuando se alzaron airadas voces acusándolo de inmiscuirse en nuestra política nacional. Pero si nos fijamos bien, lo que hizo Gutiérrez fue delinear la política exterior de su país con relación al nuestro. Habló en términos generales; no tomó partido, como sí lo ha hecho el señor Gutenberg Martínez.

Pareciera que la Historia, con todo lo dura y aleccionadora que ha sido en Nicaragua, no ha podido convencer a algunos nicaragüenses de que los asuntos políticos nacionales deben ser resueltos por y entre nosotros mismos. A estas alturas de nuestra existencia como nación independiente deberíamos tener claro que cada vez que alguien ha invitado la injerencia extranjera en nuestros asuntos internos, el resultado ha sido frustrante. La clase política en general debería aprender las enseñanzas de la Historia. Y el FSLN en particular debería reconocer el error que ha cometido y retirar de inmediato el anuncio referido.  

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí