Martha Cecilia Ruiz
Dicen que para muestra un botón, por eso basta con abrir el periódico un día cualquiera para encontrarse un rosario de notas sobre actos de violencia en contra de mujeres, especialmente a través de la denuncia en la Policía, sin embargo, muchos de los casos no se resuelven por “falta de pruebas”, retardación de justicia o, bien, porque ni siquiera llegan a los Juzgados. Y aunque en las notas de sucesos o “susexos” es visible una carencia en el abordaje de los casos, la mayoría de las agredidas sigue sufriendo en el silencio, en el seno de la familia, bajo el supuesto de que trata de un asunto privado.
Así por ejemplo, un día de éstos en que leía en un diario nacional sobre el veredicto de culpable de parricidio en contra de Alejandro César López por asesinar a puñaladas a su ex mujer hace un año, me topé con la foto de una joven desaparecida huyendo del maltrato de su marido. Justicia para un caso e incógnita para otro. En la misma página también leí los titulares: “Cuatro aberrados contra una enferma” y “Fiestera escapó de la muerte”.
Es evidente que aunque se denota la posición de víctima de la mujer no hay un tratamiento adecuado del tema y se recurre a estereotipos, al sensacionalismo e incluso a la revictimización de la agredida. Y aunque los medios no son los “malos de la película”, un abordaje respetuoso contribuiría a la construcción de una opinión pública sensibilizada e informada sobre el tema.
Empero, el problema de la violencia hacia las mujeres no depende sólo de los medios y de su abordaje, ni es una deficiencia exclusiva de los mismos.
Por falta de información, por miedo, por comodidad o simple indiferencia casi todos hemos estado involucrados en actos de violencia de hombres hacia mujeres —especialmente actos de violencia doméstica— ya sea como víctimas, victimarios o cómplices de un delito que hasta hace poco no se consideraba como tal. Así que no podemos esperar que los periodistas, editores, productores y demás seres humanos que trabajan en los medios, sensibilicen a la opinión pública si ellos mismos como individuos no están sensibilizados, cuando quizá están sufriendo sus propios dramas como víctimas o victimarios.
¿Barrera o instrumento de cambio?
El reto es para las organizaciones civiles alrededor del tema contra la violencia hacia las mujeres, para intercambiar ideas, hacer propuestas, escuchar a los comunicadores —incluyendo a publicistas— para desarrollar un trabajo conjunto por un nuevo abordaje de la violencia. Colocar el tema en agenda y sobre todo capacitar al respecto a estos hombres y mujeres desde sus micrófonos y computadoras, hoy en día son más fuertes que la escuela y que la religión en el proceso de socialización, de construcción de la opinión pública y de la asimilación de valores y antivalores en nuestra sociedad.
Queda la necesidad de eliminar los estereotipos usados para la víctima y el victimario, así como los estereotipos usados para clasificar a los medios y a las feministas, y trabajar en el reconocimiento, el tratamiento y la erradicación de un problema que nos envuelve a todas y todos.
La autora es periodista, trabaja en la Red de Mujeres contra la Violencia.