Encuestas: Responsabilidad y ética

Eduardo J. Urcuyo Llanes

Los nicaragüenses no contamos todavía con un diseño democrático acabado en el que todas las piezas del rompecabezas cuadren perfectamente para conformar un Consejo Supremo Electoral equilibrado y capaz de operar sin conflictos. Lo que tenemos hasta ahora es una institución en la que coexisten dos partidos mayoritarios con grandes diferencias y contrastes, y esto provoca un cúmulo de contradicciones, temores y esperanzas en la ciudadanía. Por ello es importante que los dos partidos se pongan a pensar, discutir y acordar qué es lo que se va hacer en previsión de lo que indudablemente podría presentarse.

Basado en lo anterior, es importante que la ciudadanía esté informada de que uno de los usos cuestionables de las encuestas es la manipulación que se puede hacer con ellas, tanto en los resultados como en su difusión en los medios de comunicación.

En Nicaragua trabajan empresas encuestadoras que son muy respetadas y que tienen una trayectoria que avala sus trabajos, pero también creo que ha habido algunas que han sido herramientas de campañas políticas y de desprestigio, que han sido usadas por algún partido y algunos medios de comunicación. En nuestro país esto puede hacerse porque todavía no existe regulación que diga lo que no puede hacerse. Hay algunas, sin querer dar nombres, de las cuales desconfío terriblemente de su honestidad.

En nuestro país, las encuestas son un fenómeno de la década de los 90, aparecieron con las primeras elecciones, pero hoy se ha afirmado la tendencia de que todo partido y político, necesariamente, deben hacer encuestas. Los medios de comunicación sienten la obligación de ir publicando las que ellos a su vez encargan, con el fin de ilustrar cómo están opinando los ciudadanos o cómo votarían en el día que se hace la encuesta. De esta forma, la encuesta se transforma en un hecho periodístico. Es en este sentido que los medios tienen la responsabilidad de la cual algunos no dan cumplimiento como debería ser, que es tener más rigor en la difusión de las encuestas y en comprobar la veracidad y la certeza científica de su realización.

De todas las encuestas nacionales publicadas, son ocho las creíbles y sustentadas metodológicamente. En las primeras seis el que va adelante es el candidato sandinista, su momento más alto fue en mayo y junio, con una ligera caída de un par de puntos en la última encuesta al comienzo de agosto. Por su parte, don Enrique Bolaños no ha llegando aún a su momento estelar, y ya aventaja a Daniel Ortega, a poco menos de 30 días de la elección.

De lo anterior se pueden extraer las siguientes conclusiones: 1.- Que al margen de la lectura política que actualmente se esté haciendo de las encuestas, lo que las cifras dicen es que, si bien Ortega ha subido algunos puntos, don Enrique ha subido más, y lo pasó. Lo cual era lógico de esperar por el pobre contenido propositivo de su campaña, el peso del desprestigio y las escasísimas propuestas de buen gobierno. 2.- Que de confirmarse la tendencia, don Enrique estará arriba por al menos cuatro puntos para las Fiestas Patrias. 3.- Que si consideramos la diferencia entre el primero y segundo lugar, el triunfador de la elección obtendría una apretada victoria con un margen del 3 al 4%. 4.- Que si la distancia entre el primero y el segundo es por ese estrecho margen, Daniel Ortega y sus huestes estarían dispuestos a aceptar y reconocerlo, o impugnarán una gran cantidad de Juntas Receptoras llamando al desorden y a la rebelión ciudadana. 5.- Al margen de la vía legal que la Ley Electoral otorga a cinco partidos políticos y otros tantos que se quedaron en el camino, Nicaragua está mostrando una clara vocación bipartidista. Lo que las tendencias nos dicen, es que existe una realidad política producto de una división ideológica bien definida, el sandinismo de izquierda indefinida, y los demócratas al estilo occidental que defendemos el sistema conquistado en 1990.

Las últimas encuestas señalan que los indecisos y los votos para los conservadores tienden a reducirse, pues los expertos consideran que en una elección tan apretada como ésta, las encuestas le dicen a la gente: “Votar por A, es perder el voto”. Y esto tiene mucha influencia, sobre todo en los indecisos.

A la gente no le gusta perder el voto, lo piensa. En general, Enrique Bolaños tiene más votos que los que le atribuyen en las encuestas, lo que sucede es que los votantes antisandinistas, que no son liberales, no lo dicen, pero en el cuarto de votación, solos, con su conciencia, marcarán la boleta bolañista.

Ya lo verán.

El autor es funcionario de la campaña electoral del PLC  

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí