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Una pandilla de políticos ha humillado una vez más a la justicia. Los políticos y sus mezquinos intereses están arrastrando a las instituciones hacia situaciones deplorables. La arremetida de los políticos contra los magistrados del Tribunal de Apelaciones de Managua, Gerardo Rodríguez y Ligia Molina, es una muestra más del desprecio contra la ley, la institucionalidad y el respeto a los espacios democráticos.
El Poder Judicial se ha convertido es un “brazo legal” de las fuerzas políticas de este país. Lo triste es que cada vez que se le señala a los magistrados la sumisión de ellos a la voluntad de los partidos políticos, saltan, gritan, se rasgan las vestiduras y lo niegan. Aquí está una prueba más de la dependencia de la ley y sus jueces a la voluntad de los políticos. Los jueces y magistrados simplemente son instrumentos del poder y no tienen decisiones propias.
Es desmotivador ver cómo la cúpula de los sandinistas y liberales se pelean como fieras rabiosas por un hueso llamado Enitel y en medio del pleito sale mordida y sangrante la justicia.
El problema es que no se quiere aprender la lección y cada vez lo que hacen los políticos es enraizar más esa “cultura” de sumisión de la ley y el orden al capricho de los políticos. Veamos lo más reciente. El doctor Iván Escobar Fornos fue electo magistrado de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), por ser un hombre obediente a los intereses políticos del presidente Arnoldo Alemán y su partido.
Al observar la CSJ y analizar la filiación política de cada uno de los magistrados, no queda otra cosa que pensar que las sentencias son hechas por buenos abogados de los partidos de poder en Nicaragua. Eso no da ninguna confianza en el Poder Judicial.
Con regularidad uno se entera de los “trapos sucios” que salen a relucir en la CSJ y da vergüenza las cosas que se señalan. Hasta dónde se ha llegado en este país. Entonces, ahora los señores de la justicia no deben esperar que los respeten si ellos mismos se apuntan en las listas de candidatos para ser jueces y magistrados de los partidos políticos.
El problema de la justicia radica precisamente en que los juzgadores son fichas políticas. Entonces si ellos no se respetan, cómo pretenderán que los respete un ministro de Gobernación puesto por un político o que un procurador del gobierno no deje de acusarlos cuando están en juego intereses del patrón político.
Los políticos ensalzan a los jueces y magistrados cuando hay sentencias que los benefician, y los atropellan cuando sus sentencias contradicen sus intereses. Eso es humillante. La justicia no debe estar bajo el capricho de un montón de bandidos que legislan o dirigen mítines políticos.
Por todos estos tejidos macabros de los políticos, hay que tener cuidado con los nuevos códigos que se están aprobando. Pueden ser armas letales legitimadas para el poder político en Nicaragua y entonces… a encomendarse a Dios.
El autor es periodista