Amor y comprensión

Migdonio Blandón

El amor y la compresión que son el antídoto contra el odio y al mismo tiempo, la solución para erradicar la pléyade de males que motivados por él, proliferan por el mundo; y que manejados con mesura, contribuyen a coadyuvar en el beneficio de intereses públicos y privados; sí qué, encauzados por las vías correctas, de las que todos estamos expuestos a desviarnos, si perdemos la brújula de la sabiduría cuya fuente inagotable es Dios mismo.

La mayor desviación es caer en la egolatría o la idolatría, concentrando ese maravilloso sentimiento en uno mismo o materializarlo hasta el fanatismo en algo determinado. Lo uno y lo otro, que adulterándolo de hecho lo desvirtúan, haciendo el efecto de letal veneno que presentado en dorada cápsula, progresiva y lentamente envenena la existencia de quienes caen en tales circunstancias, hasta su segura y falta explosión que es en sí trascendente.

San Agustín, reconocido doctor de la Iglesia, ha dicho: “Ama y has lo que quieras”. Él, buscando por muchos medios, llegó al convencimiento que la sabiduría únicamente se encuentra en el conocimiento de Dios quien con el privilegio de crearnos a su imagen y semejanza dándonos inteligencia, libertad y voluntad, que a veces no apreciamos y utilizamos con fines contradictorios, tergiversando Su plan, que es utilizarlo para el bien.

Vale reconocer, que quienes por generaciones a través del tiempo han sabido aprovecharlos, científicamente han hecho descubrimientos asombrosos, trayendo grandes beneficios; pero que también en ocasiones habiéndose utilizado con erráticos fines han sido causas de mayúsculos desastres; y así preparados, al perderse la brújula y seguir las mismas desviaciones, nada falta en el escenario para la definitiva y última hecatombe mundial.

La pólvora, la electricidad, los rayos ultravioleta, la energía nuclear etc., para mencionar algunos inventos, su primordial finalidad fue para fines benéficos y de progreso, mejorando las condiciones de vida en buena parte de la humanidad, pero posteriormente, ellos mismos han servido para la fabricación de armas de tal potencialidad destructiva que en una pequeña fracción de tiempo puede darse la destrucción total de la Tierra entera.

Dichos inventos que la inteligencia humana por la ciencia y la técnica han trascendido fronteras y continentes con ilimitado poder, a la vez son un peligro latente cuando habiéndose perdido la brújula a que antes aludimos, sin asidero moral puede caerse en la soberbia irresponsabilidad, o al menosprecio a peligrosos escollos que erizados de explosivos, en ocasiones como fanáticos suicidas, explotan pulverizándose para destruir.

Es cierto que actos terroristas como el que se dio en Estados Unidos en víctimas y en daños es infinitamente repudiable e incuantificable; y que el gobierno debe buscar y castigar a los culpables, pero debe hacerlo actuando con responsabilidad sin que ello sea la aplicación de algo semejante a la ley del Talión; debe actuarse con la debida mesura que da la verdadera sabiduría que como antes dijimos: sólo se encuentra en Dios mismo, evitando así en todo lo posible encender la mecha de una conflagración mundial que sería definitiva.

El autor es miembro de EDUQUEMOS  

Editorial
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