Barry Bonds (San Francisco) lucha tanto porque su equipo gane como por la marca individual más famosa en el béisbol.

Bonds al abordaje

Ante los Astros y en el Enron Field Edgard Tijerino M. [email protected] El poder de atracción del jonrón no puede medirse. Escapa a algo tan trivial como eso para convertirse en lo más espectacular que podamos imaginar. Uno se levanta un día como hoy y ve a Barry Bonds caminando sobre el arco iris rumbo […]

  • Ante los Astros y en el Enron Field

Edgard Tijerino M. [email protected]

El poder de atracción del jonrón no puede medirse. Escapa a algo tan trivial como eso para convertirse en lo más espectacular que podamos imaginar. Uno se levanta un día como hoy y ve a Barry Bonds caminando sobre el arco iris rumbo al cajón de bateo para enfrentar al pitcher de Houston Shane Reynolds.

Desde el sábado, cuando Barry descargó su jonrón 69, el récord de 70 establecido por McGwire está en jaque y naturalmente, pese a que el interés y el apasionamiento no es comparable con la batalla Sammy Sosa-Big Mac del 98, todas las miradas del béisbol son para el artillero número 3 en el line-up de los Gigantes.

El nuevo Enron Field de Houston, es un parque favorable para los tumba-cercas, y Bonds lo sabe muy bien. El espera que esta noche, Reynolds se atreva a pitchearle y no quedar reducido a ver sólo un lanzamiento en la zona de strike como ocurrió el domingo cuando recibió dos bases y fue golpeado. Mañana enfrentará ese gran prospecto de la colina que es Roy Oswalt, ganador de 14 juegos.

Hay 250 reporteros detrás de Bonds, alguien que siempre ha sido alérgico a la prensa. No hay Sala de Prensa en la que alcancen y es necesario acondicionar tribunas especiales… Sólo los cuatro periódicos de Nueva York tienen a seis reporteros y tres columnistas, aparte de los fotógrafos, pendientes de cada swing de Bonds.

Uno pensaba que después de la tragedia, ¿a quién podía importarle el esfuerzo de Bonds tras el récord? Pero la magia del deporte siempre prevalece. De no ser así, no estarían vendiéndose como tortillas en tiempos de escasez, los boletos para ver a Jordan con los Wizzards, ni se hubiera llenado el Madison Square Garden con 20 mil para presenciar Trinidad-Hopkins.

Claro que hay interés por Bonds, por supuesto que está pensando en el récord, es obvio que sueña con las verjas haciéndole señas, que en cada swing busca el jonrón.

Le hacen falta seis juegos, aparentemente, tiempo suficiente para asegurar la proeza, pero ¿qué es lo que está escrito en béisbol? En julio, Barry pasó trece juegos sin jonronear, y consecuentemente la posibilidad de fallar en seis, está ahí.

¿TOLERABLE?

El pelotero difícil de comprender, ha logrado meter su arrogancia en una botella transformándose en tolerable… Fue agradable verlo con su pequeña hija en la entrevista para Up Close del ESPN, y aunque no está tratando de hacerse el simpático con el periodismo, luce más potable.

En la carretera hacia la grandiosidad, Bonds de 37 años, parece escapado de la mitología para ir en busca de la proeza… El aliento de una nación está a su lado en cada turno al bate… De pronto, su pasado no es inconveniente para admirarlo, para ovacionarlo, para hacerle un reconocimiento, para identificarnos con él… Esos rugidos que se escuchan en el dogout de los Gigantes, es Bonds calentando, pensando en dos más mientras McGwire tiembla, sólo dos más señores.  

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