Si alguien ha matado, robado, violado, ofendiendo a Dios y a los hombres, por su condición de gobernante de un pueblo y su empecinamiento de ofender a la Iglesia Católica y otras denominaciones cristianas con vejaciones a la cabeza visible de Jesucristo en la tierra, a sus obispos y sacerdotes, se ha hecho merecedor del repudio Divino.
Pero si pide perdón a las mujeres y hombres ofendidos con la intención de acceder al poder nuevamente dirigiéndose a los jóvenes que no vivieron la noche oscura que señaló Juan Pablo II y juran que no volverán a cometer las atrocidades del pasado, deben tener presente que existe una mayoría que recuerda las expropiaciones, confiscaciones, lucha de clases, dictadura del proletariado, CDS, desintegración de la familia, el matrimonio por las armas, el patrocinio de los terroristas de Cuba, Libia, España etc.
La invasión de los internacionalistas que tenían prerrogativas, la exclusión de la libertad de prensa, el temor de criticar los desaciertos, la obligación de ir a cortar café, algodón, los días rojinegros, la vigilancia revolucionaria, el ciego sometimiento al grito “Dirección Nacional: ORDENE”, el querer implantar el marxismo leninismo, el deseo de copiar a Cuba al carbón, la inoculación del odio hacia Estados Unidos entonando la estrofa de su himno “luchamos contra el Yanki, enemigo de la humanidad”.
Al amparo del enunciado de Dios, “perdonar setenta veces siete”, ahora “dicen que el amor es más fuerte que el odio”, que no volverán a implantar el terror y nos llevarán a la “tierra prometida”, comparándose con Moisés, pero el que ha gritado muchas veces: “Viene el lobo” y no era cierto; el que ha prometido y no cumplido, el que ha dicho “me harás firmar pero cumplir jamás”.
Carlos René Ramírez