Empleos podrían peligrar

El viaje que actualmente realiza por China Continental el alto dirigente sandinista, Tomás Borge Martínez, ha generado preocupación entre los empresarios taiwaneses que han invertido en la industria de la maquila en Nicaragua, ya que interpretan dicho viaje como una señal de que el Frente Sandinista estaría dispuesto a restablecer relaciones diplomáticas con China Continental, en caso de que ganara las elecciones de noviembre próximo. Si eso ocurriera, la representación diplomática de Taiwan en nuestro país se tendría que retirar, y es muy probable que tras ella se irían también las fábricas maquiladoras. Eso significaría un rudo golpe para la economía de unas 40,000 personas que trabajan en esa rama.

Como es sabido, desde 1950 China está dividida en dos partes: China continental o comunista, y la República de China en Taiwan. Es política de ambas partes que cualquier país sólo puede tener relaciones diplomáticas con una de ellas, pero no con las dos al mismo tiempo. Esa experiencia ya la vivimos en Nicaragua. Nuestro país tenía excelentes relaciones con Taiwan cuando los sandinistas tomaron el poder en 1979. En ese entonces, Taiwan reconoció a la Junta de Gobierno que se formó a la caída del régimen de Anastasio Somoza, pero en 1985, el Gobierno sandinista reconoció diplomáticamente a China comunista, con el objeto de obtener su respaldo político en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en su conflicto con los Estados Unidos. Consecuentemente, Taiwan cerró su embajada en Managua, y Nicaragua hizo otro tanto en Taipei.

Ahora bien, es cierto que un posible cese de relaciones diplomáticas entre Taiwan y Nicaragua no obligaría necesariamente a una interrupción de relaciones comerciales entre ambos países. Estados Unidos, por ejemplo, tiene relaciones diplomáticas sólo con China continental, y sin embargo, tiene un vibrante y amplísimo intercambio comercial con Taiwan. Panamá, por el contrario, sólo tiene relaciones diplomáticas con Taipei, y tiene relaciones comerciales con Pekín.

No obstante, en ocasiones, Panamá ha tenido que enfrentar dificultades como consecuencia de esa situación, como cuando celebró el Congreso Mundial sobre el Canal de Panamá en 1997. En esa oportunidad, China continental hizo grandes esfuerzos para boicotear la celebración, y en parte lo logró, ya que a pesar de que el entonces presidente de Taiwan, Lee Teng-hui, fue invitado y asistió al evento, la mayor parte de los representantes gubernamentales que enviaron los países invitados fueron de bajo nivel, y tanto ellos como los hombres de empresa invitados, se doblegaron ante las presiones de Pekín y se mantuvieron alejados del presidente Lee durante la inauguración. Sólo los presidentes de Nicaragua y Honduras asistieron a la celebración.

No cabe duda de que un país soberano como Nicaragua debe establecer su política exterior con plena independencia, pero también es cierto que la formulación de esa política debe hacerse sobre la base de los verdaderos intereses de la nación y sus ciudadanos, y no en consideración a intereses y aventuras ideológicas. En la década de los ochenta, mientras tuvimos relaciones con China continental, nuestro país no recibió ninguna inversión de parte de esa nación. Por el contrario, desde que Nicaragua y Taiwan restablecieron relaciones diplomáticas en 1990, la Zona Franca de Las Mercedes —que los sandinistas habían convertido en una gigantesca cárcel— volvió a operar como parque industrial, en donde gracias a las inversiones taiwanesas trabajan hoy día decenas de miles de nicaragüenses. Esos empleos, y muchos más que se derivarían de futuras inversiones taiwanesas, no deben, por ningún motivo, de ponerse en peligro.

Todo empresario requiere de un clima de paz para invertir, y no debemos olvidar que Nicaragua tiene necesidad de cuantiosas inversiones tanto nacionales como extranjeras para poder crear los miles de empleos que se necesitan. Los inversionistas, antes de arriesgar su capital, toman en consideración muchos factores, pero desde un inicio prestan cuidadosa atención al comportamiento y al estilo de los gobiernos. Los gobiernos populistas, como el de Chávez en Venezuela, ahuyentan las inversiones. Ambas cosas, un clima apropiado de inversión, y una selección cuidadosa de relaciones internacionales, tienen que ir de la mano para lograr un alto nivel de generación de empleos que, como bien se sabe, es la principal demanda de la ciudadanía.  

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí