Róger Fischer
Supermán historieta llevada a la pantalla y cantada en un pegajoso estribillo tropical que decía: “Píntame de colores y que me llamen Supermán”, se suma a “La Pantera Rosa”, un clásico del cine y también a “Deshojando la Margarita”, inolvidable tema de la sensual Brigitte Bardot para fundirse en Nicaragua, con una abigarrada campaña presidencial que funde el color rosado de la chicha bruja, la enseña nacional, el rojinegro de un pasado que no se debe olvidar y el amarillo de la Iglesia Católica que estimula la fe de los creyentes. Si a todo este arco iris de signos cromáticos, añadimos la palabra “perdón” y proyectamos la bíblica frase de “La tierra prometida”, nos encontramos ante un fenómeno especial donde el iluminado “Moisés nicaragüense”, hace brotar agua de las piedras, chanchitos y vaquitas y otras series de fantasías sin base alguna. Nuestra ciudad ahora luce rosada en gran parte de sus postes de luz, rosada en un ataque inmisericorde a nuestras palmeras y árboles, que ante el abuso se sonroja como rechazo a los depredadores del medioambiente y la estética de nuestra querida ciudad capital.
La propaganda psicodélica, nos recuerda a los extraños del pelo largo, hippies de los 60, que entre churro y churro, gozaban de la vida en la “Tortuga Morada” y otros atractivos lugares de la vieja Managua.
Los publicistas quizás traicionados por su subconsciente, presentan de nuevo el “peace and love” en la búsqueda del voto joven, confundidos con el recuerdo borroso de otra juventud, cuya generación no logró cristalizar y se perdió en la bruma de la guerra, el rock y las drogas.
Los símbolos que ofrecen a nuestra gente joven están desfasados y no se presentan al tenor de estos tiempos cibernéticos que vivimos. Son iconos de un pasado rojinegro que dividió a la familia, destruyó honras y haciendas, logró el récord mundial en la devaluación monetaria, aniquiló la economía de Nicaragua y su producción e hizo un hombre nuevo con una deuda interna y externa sobre sus hombros, que aún nos tiene apabullados y en la indigencia internacional. La pantera rosa se pavonea en Nicaragua, como una chica quinceañera vestida de vuelitos lista para bailar el próximo 4 de noviembre. Nuestra juventud pensante, no es tonta, ni se deja arrastrar por colores bullangueros y cantos de sirena. Nuestros jóvenes saben que su futuro depende de la preparación técnica y académica que los pueda llevar a una vida digna con mejores oportunidades.
Supermán, no tiene la kriptonita como tampoco capacidad, preparación y eficiencia, es un Supermán de “piñata”, de barro y papel, lleno de las mismas cajetas y confites que ofreció hace años con otro ropaje.
Se disfraza como la pantera rosa y va deshojando la margarita con sus inevitables preguntas de: “¿me quiere… o no me quiere?”… decididamente, los que sufrimos injustamente el exilio o vivimos bajo el terror de su férrea dictadura, no podemos olvidar y mucho menos desear el regreso de este Moisés de nuevo cuño.
Los apagones de la noche oscura, la falta de agua, alimentos y bienes, pero sobre todo las libertades perdidas no se olvidan. Sólo mencionar la libertad de expresión, la libertad de culto, la libertad de mercado, la libertad de cátedra, la libertad de locomoción, la libertad de asociación, el derecho a la huelga y tantas otras conquistas que se lograron cuando el Frente Sandinista tuvo que entregar el poder, son suficientes motivos para rechazar la rosada cosmética y olvidarnos de los afeites de un caricaturesco Moisés que deshoja margaritas disfrazado de Supermán y la Pantera Rosa.
El autor es publicista