- Rusia apoyará a EE.UU. y sus aliados
Almaz Asanov BishkekEFE
KIRGUIZISTÁN.- Kirguizistán y Turkmenistán completaron ayer la cesión de los cielos de todo el antiguo imperio soviético en Asia Central a los aviones de la coalición antiterrorista liderada por Estados Unidos.
Ambos países siguieron en cadena a Rusia, Tayikistán, Kazajistán y Uzbekistán en su decisión de colaborar con EE.UU. en distintos grados en una campaña militar contra presuntas bases terroristas en Afganistán, tras los atroces atentados del pasado día 11 en Nueva York y Washington.
En esta capital de Kirguizistán, el presidente Askar Akayev dijo que ha dado “una respuesta positiva” a la solicitud de EE.UU. de sobrevolar su espacio aéreo, y mencionó acuerdos con países vecinos sobre otras medidas antiterroristas “de gran envergadura”.
Akayev recordó que Kirguizistán y Uzbekistán sufrieron en 1999 y 2000 sendas ofensivas de grupos integristas entrenados en Afganistán, a los que calificó de “estructuras terroristas que profesan el extremismo religioso y están vinculadas al narcotráfico”.
En Ashjabat, el presidente de Turkmenistán, Saparmurad Niyazov, anunció su decisión de abrir corredores aéreos y terrestres para el transporte de “cargamentos de carácter humanitario” hacia Afganistán, en aviones y por vía férrea.
Niyazov, cuyo país tiene estatus neutral aunque es miembro del programa de la OTAN Asociación Para la Paz, adoptó la decisión tras una reciente conversación telefónica con el presidente de EE.UU., George W. Bush, y otra con el secretario de Estado, Colin Powell.
Nursultán Nazarbayev, presidente de Kazajistán que ha prometido ya colaborar “en todo lo posible” con Washington, también se mostró dispuesto a ceder sus bases y espacio aéreo, aunque expresó la esperanza de no tener que participar en acciones militares.
En Uzbekistán, portavoces oficiales negaron la llegada de tres aviones y 200 soldados de EE.UU. revelada por varios medios, pero fuentes militares insistieron en que aviones espías norteamericanos se posaron en una base aérea a las afueras de Tashkent.
El presidente uzbeko, Islám Karimov, guardó silencio sobre el grado de su participación, mientras el embajador de Washington, John Herbst, dijo que EE.UU. “desea cooperar” con Uzbekistán, y que ambos países mantienen “contactos bilaterales en el campo militar”.
Tayikistán, otro vecino de Afganistán y que alberga en su suelo tropas rusas, puso en estado de máxima alerta a sus Fuerzas Armadas, y señaló que podría “garantizar” el uso de sus campos de aviación a EE.UU. con el visto bueno de Moscú.
El ministro ruso de Defensa, Serguei Ivanov, dijo que el aeródromo de la capital tayika, bajo doble mando de Moscú y Dushambé, podría ser puesto a disposición de EE.UU. “en caso de necesidad”.
Además, se anunció que los 7,500 soldados rusos que integran la división motorizada 201 desplegada en Tayikistán recibirán refuerzos la próxima semana y están preparados para cualquier contingencia ante el posible conflicto que puede estallar en Afganistán.
Esta división se une a los 15,000 soldados rusos y tayikos que bajo mando de Moscú guardan la frontera con Afganistán, límite sur de la postsoviética Comunidad de Estados Independientes (CEI), y que también están en máxima alerta ante los sucesos en el país vecino.
La cadena de declaraciones de países centroasiáticos sobre su participación en tal o cuál grado en la operación rebautizada como “Libertad Duradera”, se produjo tras frenéticas consultas celebradas por sus líderes el pasado fin de semana con el presidente ruso, Vladimir Putin.
EL CLAVE APOYO DE MOSCÚ
Tras no pocos titubeos y pugnas en la cúpula del Kremlin, Rusia también ha optado por Occidente, y el presidente Vladimir Putin se unió en una decisión sin precedentes a la coalición antiterrorista liderada por EE.UU.
En una intervención por televisión llena de matices y sutilezas, el número uno del Kremlin definió cinco apartados de la cooperación rusa en la “lucha contra el terror”, sin excluir el uso de la fuerza, paro también sin prometerlo claramente.
Citó intercambio de datos de espionaje, apertura de corredores aéreos para “misiones humanitarias”, participación en operaciones de rescate, el visto bueno de Moscú para que sus aliados de Asia Central cooperen con EE.UU., y gran ayuda militar a la oposición afgana que combate al régimen Talibán.
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