Miedo latente

Freddy [email protected]

Yo no soy de los que creen que Daniel Ortega no debe tener “sus amiguitos”, ese es su problema, pero naturalmente los nicaragüenses no deben pagar por el acto personal de un ciudadano. Tampoco digo que Daniel sea sumiso y obediente a los Estados Unidos. Cada cual asume las consecuencias de sus actos.

El Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, en algunos momentos de su vida ha dicho: “He aprendido que un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse”. Pero creo que no es aplicable a Ortega, porque está en juego no sólo él, sino un país entero.

Los militantes convencidos y quienes se han adherido al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), se irritan cuando se les hacen ver los elementos naturales que afectan a ese partido y por los cuales mucha gente no lo quieren ver en el poder nuevamente.

Entonces, ellos alegan que merecen una oportunidad porque también son nicaragüenses. Quizás tengan razón, el asunto es que ahora las cosas no se hacen como ellos quieren. Los nicaragüenses han avanzado sobre el sendero de la democracia, y en ese mismo sentido se espera que el 4 de noviembre actúen.

Muchos dicen que el pasado condena a los sandinistas, pero el punto es que el presente también. Y quieran o no los sandinistas, lo ocurrido en Word Trade Center está incidiendo en la opinión de la gente que ha pensado en algunos momentos votar por ellos, en los indecisos, y en quienes preferían a los conservadores.

El punto es que Ortega ha desafiado a todo el mundo anteponiendo su amistad personal con gente como Muammar Al-Gadafi, Fidel Castro o Hugo Chávez, por encima del interés general y del bien común. Repito, ese es su problema, sus amistades, pero no debería ser el nuestro.

Cuando los votantes valoran que un posible gobierno sandinista cuyo presidente tenga esas amistades, más la advertencia del país más poderoso de la tierra contra los terroristas y sus aliados, así como los antecedentes de los sandinistas que otorgaron nacionalidad a centenares de personas implicadas de alguna forma en guerrillas, actos terroristas, etc., pues creo que podrían pensar distinto.

Y creo que podrían pensar en no votar por el FSLN porque estarían en juego no sólo el desarrollo y la solidez de la economía nacional, sino la estabilidad laboral de cada nicaragüense, la ayuda de la comunidad internacional en una era de libre mercado y globalización, la confianza de los inversionistas nacionales y extranjeros, y muchos otros elementos que no serían iguales.

He conversado, en la medida de lo posible, con gente que no es sandinista, con sandinistas y con antisandinistas (conceptos distintos) y tienen temor de un posible triunfo rojinegro. La nueva generación de sandinistas cree que no se debe tener miedo, pero el punto es que la cúpula del FSLN no ha cambiado y por eso el temor es el mismo. Allá cada uno con su conciencia.  

Editorial
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