Irwin M. Stelzer*AIPE
WASHINGTON.- Winston Churchill simbolizó con sus dedos en “V” la victoria del capitalismo democrático sobre el nacionalsocialismo que Hitler trató de imponerle al mundo. Hoy, los economistas usan la misma señal en referencia a la capacidad de recuperación del libre mercado estadounidense. Prevén que la economía siga un patrón en “V”, cayendo a raíz del ataque terrorista contra el corazón financiero de Nueva York y recuperándose pronto con la misma rapidez.
Esto probaría nuevamente que el capitalismo es más resistente que los sistemas que periódicamente lo desafían. El nacionalsocialismo alemán no logró mantenerse como un sistema que en tiempos de paz proveyera las necesidades materiales de la ciudadanía. El comunismo estuvo de moda, especialmente entre los intelectuales americanos, europeos y latinoamericanos, resultando ser un sistema espantosamente represivo e incapaz de producir los bienes y servicios en cantidades suficientes para impedir la escasez sistémica ni permitir que la economía soviética, rica en oro, petróleo y en muchos otros recursos, sobreviviera el daño de la planificación central.
También tenemos el caso japonés y su modelo corporativista que se anunciaba como la nueva ola, hasta que cayó en lo que parece ser una recesión permanente, causada por la intervención gubernamental. Y el modelo del mercado social europeo, con su estado benefactor y altas dosis de regulaciones e impuestos han resultado en el lento crecimiento de la productividad y constante desempleo, aún en los buenos tiempos.
En contraste, la economía de mercado de Estados Unidos ha producido un constante incremento del nivel de vida. Esto, según un reciente y despreciable editorial de la revista izquierdista inglesa The New Statesman, es lo que enardece y justifica el ataque terrorista contra la “avaricia” americana. Supuestamente, el éxito induce la envidia y el odio, más que una invitación a copiar las fórmulas que funcionan.
La izquierda celebra que el capitalismo americano se enfrenta ahora a una fuerza imposible de sobrevivir. Pero los reportajes sobre el fallecimiento del capitalismo son prematuros. El primer día de la reapertura de la Bolsa de Valores de Nueva York cayeron los índices, pero los inversionistas aportaron más de 63 mil millones de dólares y por cada vendedor hubo un comprador, con lo cual se reafirmó la fe en el futuro del libre mercado.
Eso nos lleva a la pregunta clave: ¿por qué la durabilidad del sistema americano y su habilidad de sobrevivir horribles guerras, desastres naturales, altibajos financieros, la gran depresión y los ataques terroristas? Las respuestas nos las dieron los economistas Adam Smith, Joseph Schumpeter y John Maynard Keynes.
Smith nos enseñó que la competencia es el ingrediente clave de una economía exitosa. Las firmas que compiten en las ventas tienen que producir bienes de calidad a mejores precios y, más importante aún, las puertas están abiertas a la aparición de nuevas empresas que ofrezcan productos superiores. Así se logra una sociedad con movilidad social. Schumpeter mantenía que bajo el capitalismo “los estratos altos pierden miembros y reclutan nuevos incesantemente de los estratos bajos”, como también que el capitalismo se caracteriza por olas de “destrucción creativa”, donde las innovaciones destruyen lo obsoleto con nuevos y más eficientes métodos de producción. Por ello, el capitalismo prospera con cada cambio.
Luego Keynes nos demostró que el capitalismo democrático tiene la habilidad de adoptar nuevas ideas cuando el ciclo económico amenaza su supervivencia y los empresarios proceden a buscar la manera de seguir adelante bajo las más adversas condiciones, lo cual depende “de una atmósfera política y social compatible con el hombre de negocios promedio”.
El capitalismo de mercado no tiene que ver sólo con dinero sino con libertad. Y es esa libertad por la cual los americanos están dispuestos a dar la pelea. En nuestro país las desigualdades económicas no se consideran ofensivas sino que muestran el éxito de aquéllos que logran mejorar el nivel de vida de todos los demás, con el desarrollo e introducción de nuevas tecnologías y nuevos productos. En las sociedades abiertas la no igualdad es transitoria y el éxito está al alcance de quienes trabajan duro y asumen riesgos. Esos son los símbolos que sobreviven la destrucción del World Trade Center.
* Columnista del Sunday Times de Londres y de la revista Weekly Standard.
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