José Leñero G.
La principal preocupación de nuestros países centroamericanos en este año 2001, es la desaceleración económica que nos llega como efecto de la que está sufriendo Estados Unidos, la cual, por su gravitación en la economía mundial, se ha proyectado con diferentes grados de intensidad a todos los países del mundo.
Frente a esta emergencia, la revista Business Week del 27/08/2001, en un interesante análisis del problema norteamericano, sostiene que esa desaceleración es un fenómeno momentáneo, que no tardará más de un año en recuperarse.
En apoyo de su tesis, la revista sostiene que el notable aumento de productividad que había logrado la nueva tecnología, especialmente la informática, está intacto y, por tanto, en cuanto se corrijan los errores increíbles de interpretación de las fluctuaciones naturales de la economía que mostraban claramente las amplias informaciones que tenían sus empresas, la tendencia se revertirá gradual, pero rápidamente.
Uno de los graves efectos del problema que vive EE.UU. —y en mucho mayor grado nuestros países— es el aumento del desempleo que allá había llegado a sólo 4% (después de un valor histórico entre 6 y 7%). A fines del 2001 se proyecta que llegue a 4.9%, pero que en el año siguiente bajaría, a lo menos, una centésima de 1%.
En medio del enorme problema que significa la pérdida de estos puestos de trabajo, es notable de que los empleados más especializados, que se podrían identificar como los que completaron su educación secundaria o técnica, a pesar de la crisis tienen un nivel de desempleo de sólo 2.2%, es decir, realmente mínimo.
Si se va a los niveles de mayor especialidad, como son los que manejan las técnicas informáticas, la situación actual y futura es que la oferta de puestos es mayor que la de especialistas que los buscan.
Como todos sabemos, la educación media de nuestra población está todavía muy alejada de los niveles cuantitativos y cualitativos de los triunfadores de la Nueva Economía actual y futura. Por eso es tan preocupante que la tendencia que reflejan los hechos comentados no sean reversibles.
De aquí que considere urgente que se plantee a todos los dirigentes de nuestra sociedad, sean ellos políticos o empresarios, educadores o profesionales, religiosos o de trabajadores… la pregunta ¿cuánto estamos mejorando nuestra educación para que a nuestros jóvenes no les toque ser mañana “trabajadores sin especialidad” (unskilled workers), es decir de aquéllos que reciben y continuarán recibiendo sólo las migajas del progreso de la humanidad?
Es claro que cuanto más posterguemos acciones profundas para mejorar nuestra educación, alejándola de la búsqueda de títulos vacíos, para centrarla en la capacidad de asumir responsabilidad por la excelencia del trabajo que se hace, así como de razonar y ser creativo para mejorarlo constantemente y estar abierto a las innovaciones que se nos presenten, el futuro que ofrece el nuevo siglo a nuestros jóvenes no será de progreso, sino de triste dependencia de decisiones que se tomen muy lejos de ellos.