Sobre los camaleones políticos

María José Zamora

Últimamente, el tema de los llamados “camaleones políticos” se ha puesto de moda en los medios de comunicación. Uno de los casos más sonados ha sido el del Sr. Pedro Solórzano, quien ha sido fuertemente atacado por su decisión de unirse a la campaña de don Enrique Bolaños. Haciendo el papel de “abogada del diablo”, y poniéndome la gorra de la “antidemocracia”, diría que esta decisión se puede enfocar desde diferentes puntos de vista: Por un lado, la participación de don Pedro en la campaña del PLC podría ser interpretada como una falta de orgullo de su parte, ya que el mismo presidente honorario de ese partido fue quien se empecinó en inhibirlo para que no pudiera participar en las elecciones municipales del año pasado. También podría pensarse que con esta actitud el Sr. Solórzano traicionó al Partido Conservador, que para muchos y muchas prometía ser una tercera opción, y por último, podría hasta pensarse que es un aprovechado, porque si gana el Ing. Bolaños, seguramente tendrá un puesto en el gobierno.

Sin embargo, yo hago una lectura totalmente diferente de este caso, y considero que la decisión del Sr. Solórzano fue la más sensata y patriótica que pudo haber tomado.

En primer lugar, la inhibición de Solórzano fue una decisión del pacto libero-sandinista, donde tanto el Dr. Alemán como Daniel Ortega tienen igual responsabilidad. Pedro Solórzano está apoyando al PLC, no por falta de orgullo, sino porque da la casualidad que un verdadero demócrata como don Enrique Bolaños es el candidato de ese partido. En segundo lugar, a pesar que el Partido Conservador es una organización política de principios democráticos, no tiene, al menos para estas elecciones, ni la estructura ni la fuerza necesaria para asegurarnos al 60% de nicaragüenses antisandinistas la derrota del FSLN. Y en tercer lugar, el Sr. Solórzano, sin haber renunciado a sus ideales conservadores, parece estar consciente de que su responsabilidad histórica es llevar el voto de sus simpatizantes a la casilla uno, ya que de no hacerlo así, estaría dividiendo el voto democrático y tendríamos un resultado similar al de las elecciones municipales. Finalmente, creo que el Sr. Solórzano sería un excelente miembro del gabinete de gobierno de don Enrique, desde donde podría continuar con su labor y compromiso de ayudar a los más pobres.

Sería muy interesante que los medios de comunicación analizaran con igual ahínco el fenómeno de los sandinistas, en vista de que su máximo dirigente, Daniel Ortega, ha llegado al colmo de “entrar en pláticas” con “El Chigüín”, cuando, según información publicada en este mismo diario, en la época sandinista “El Chigüín” ocupaba el primer lugar en la lista de personas a ser “ajusticiadas” en nombre del “pueblo de Nicaragua”, y lo único que impidió tal ajusticiamiento fue que vivía en Estados Unidos. ¿Cómo es posible entonces que ahora le interese como su aliado? Si mal no recuerdo, la sangre derramada por los héroes y mártires de la revolución sandinista fue para erradicar por siempre de nuestro país el “espíritu del somocismo”.

El discurso sandinista de los ochenta pregonaba que el racionamiento, el Servicio Militar, el ajusticiamiento de los ex G.N., la cárcel para los “contrarrevolucionarios”, la censura a los medios de comunicación, y todos los otros “lineamientos” a los que fuimos sometidos por la dictadura revolucionaria estaban justificados y eran “necesarios” porque el pueblo de Nicaragua no podía permitir que le “arrebataran” sus conquistas. Entonces ¿cómo es que ahora dicen que las cosas no serían igual si ellos ganan, si los “agentes desestabilizadores” (somocistas y gobierno de los Estados Unidos) siguen ahí? Y hablando de los Estados Unidos, ¿qué pasó con el himno sandinista, cantado antaño con tanta emoción? Para sorpresa de los y las que hemos sido testigos de la metamorfosis del partido sandinista, ahora hasta incluyen en sus mítines la bandera de los “Enemigos de la Humanidad”.

Pero el Sr. Ortega no nos engaña. En su afán de “lavarse la cara” ha dejado guardado para después del “triunfo” su pañuelo rojo y negro y sus “turbas divinas”. Por ahora, como buen camaleón, le conviene llevar camisa rosada y crucifijo al pecho; ponerle margaritas a su propaganda y tomarse fotos con los niños y las niñas ¿qué ironía verdad?.

La autora es psicóloga  

Editorial
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