- Buques, aviones, misiones clandestinas, satélites y, sobre todo, información
Philippe RaterAFP
WASHINGTON.- Despliegue de tropas y de materiales, organización de logística, precisión de los blancos a golpear: el Ejército estadounidense se prepara para la guerra anunciada por el presidente George W. Bush, tras los atentados del 11 de septiembre, algunos de cuyos escenarios ya han sido experimentados contra Irak y Serbia.
Esta campaña “podrá incluir bombardeos espectaculares, difundidos por televisión, así como operativos secretos, secretos hasta en el éxito”, resumió días atrás el jefe de Estado norteamericano.
Desde hace varios días, las fuerzas estadounidenses multiplican los preparativos. Todas las tropas recibieron órdenes de despliegue, los buques ya zarparon hacia el Golfo y el Océano Indico, se enviaron aviones militares lo más cerca posible de Afganistán, donde gobiernan los Talibán, que es el blanco principal de Washington a raíz de su apoyo a Ossama Bin Laden.
Otros países como Sudán y Yemen, que estarían albergando a terroristas ligados al principal sospechoso de los atentados en Nueva York y Washington, podrían ser también objetivos de las misiones clandestinas de los norteamericanos.
Frente a un Afganistán pobre en infraestructura y capacidad militar, la primera potencia militar del mundo, equipada de manera ultramoderna, puede prescindir de una participación europea. “No nos necesitan”, admitió un responsable francés que pidió anonimato.
Políticamente, el respaldo internacional es importante. En el orden militar, los estadounidenses sólo pedirían ayuda a los británicos con los que realizan incursiones aéreas casi cotidianas sobre Irak.
Antes de emprender un ataque, Estados Unidos debe primero definir con precisión los blancos, utilizando sus servicios de inteligencia, sus satélites de observación, sus aviones y helicópteros equipados con cámaras, y sus espías capaces de infiltrarse en una población para reunir información.
Como en las guerras contra Serbia en 1999 y contra Irak en 1991, la prioridad debería ser el control del cielo, con el fin de anular las redes de comunicación de los Talibán, su defensa antiaérea, y neutralizando su abastecimiento energético.
Misiles crucero y bombas podrían además apuntar contra los aeropuertos, rutas y puentes, sensibles para el desplazamiento de los Talibán.
Controlar el cielo afgano es esencial, además, porque todo indica que las unidades especiales de Estados Unidos deberán jugar un rol de primer plano en las operaciones. “Van a utilizar sobre todo las fuerzas especiales”, confió un responsable militar occidental.
También es indispensable tener bases de retaguardia en los estados fronterizos con Afganistán, para eventuales operaciones de “búsqueda y socorro para salvar un eventual piloto eyectado de un avión abatido o un comando en problemas”.