Juan Antonio García Matiguás/[email protected]
Soy de uno de los municipios que vivió en
carne propia las consecuencias de la guerra de los años 80´s, de una guerra que con el apoyo de los Estados Unidos por un lado y la Unión Soviética por el otro, provocó la desgracia de muchos campesinos.
Tenía diez años, vivía en el campo, pero me acuerdo perfectamente cuando pasaban centenares de compas, como se les llamaba a las tropas del SMP, porque les habían informado que en la zona estaba la Contra, la que hacía más de tres días que se había retirado.
Los escuadrones de helicópteros, de hasta ocho, al mismo tiempo se acercaban al lugar para atacar al enemigo, abrían fuego desde el aire sin importarles si abajo habían civiles inocentes que perderían su vida.
Teníamos que salir de nuestras casas por la noche para salvar el pellejo, muchos eran sorprendidos en sus ranchos, no tenían más que resignarse a lo que sucediera pero con la esperanza de salvar sus vidas en medio de fuegos cruzados.
Esa realidad no la vivieron los que financiaban la guerra, nunca probaron su verdadero sabor, el dolor de muchos inocentes no era compartido con las potencias que financiaban, ni con sus aliados.
El pasado once de septiembre una de las grandes potencias que financió la guerra en nuestro país, por primera vez probó el sabor de su propio chocolate, están sintiendo lo que a nosotros y a muchos otros países le han hecho sentir.
Pero EE.UU. tiene mucho poder y nuestros líderes, en agradecimiento, se unen en una lucha que no es nuestra, aprobando más acciones donde los que van a sufrir son los más inocentes, porque los culpables están a buen resguardo.