Humanidad expuesta a ataques terroristas

Federico Dueñas de la Peña*

Demostrado… el terrorismo internacional es impredecible, inevitable y bestial. El país más poderoso y rico en la historia del mundo sufrió, incapaz de evitarlo, dentro de su corazón el dolor de la sangre y la muerte. Quienes presenciamos por la televisión los acontecimientos vividos el martes pasado en el World Trade Center (WTC) de Nueva York y el Pentágono, no podíamos creer que “El hombre es el peor enemigo del hombre”. A partir de ahora ningún ciudadano norteamericano se sentirá seguro en la calle, en su trabajo, ni en su hogar. ¡Los Estados Unidos también son vulnerables!

Los anónimos energúmenos que tramaron y ejecutaron este magistral acto de violencia aún no se identifican, pero, definitivamente planificaron al milímetro sin dejar detalle suelto, pues su diabólico éxito fue rotundo. Burlaron todas las medidas de seguridad norteamericanas, asustaron al presidente Bush, pusieron en ridículo a la CIA, al FBI y a la seguridad militar entre otros órganos de vigilancia.

Cuatro aviones comerciales de bandera norteamericana repletos de combustible, con sus tripulaciones y pasajeros fueron convertidos en misiles de terror y muerte.

Entre el Pentágono, con veinticuatro mil burócratas militares y el WTC, entre cuarenta y cincuenta mil civiles, más miles de personas que circulan eventualmente por esos sitios densamente poblados, podemos asumir que habría entre sesenta y ochenta mil personas mayores de edad expuestas al cobarde ataque suicida al salvaje estilo “Kamikaze”. Estamos hablando de un grupo humano expuesto al peligro, mayor que la población total de Ciudad Sandino o la Ciudad de Granada. Además, si consideramos que estas personas, en su mayoría, eran trabajadoras adultas y jefes de familia, el dolor de pérdidas humanas es mayor por el duelo en sus familiares y dependientes. Aún no hay informes oficiales de pérdidas humanas, pero se estima serán cifras escalofriantes.

¿Quién me la hizo y,… quién me la pagará? Este es el tremendo dilema de Mr. Bush , y es sólo de él, ya el Congreso unido (¿demócratas y republicanos se lavaron las manos?) dio su apoyo incondicional a las acciones que el presidente ejecute para ubicar y castigar a los responsables de estos actos incomprensibles. ¿Caerán los verdaderos culpables? ¿Qué hacer con ellos, si el mal ya está hecho? ¿Cómo evitar que esto suceda nuevamente en Estados Unidos o cualquier parte del mundo? Se sospecha de férulas religiosas islámicas radicales rebosantes de petróleo y odio contra los Estados Unidos y la democracia del mundo libre. De gobiernos cómplices como Iraq, Libia, Afganistán y Palestina. ¡Tremenda prueba para el novel presidente!

¿Y si falla?

Dentro de la amplia cobertura televisiva de la tragedia, hubo varias tomas de palestinos, hombres, mujeres y niños, celebrando en las calles la desgracia y el luto norteamericano con, danzas, júbilo, alegría desbordada, regalando confites y postres a los niños. ¡Qué vergüenza! Sólo me acordé cuando los sandinistas asesinaron a Anastasio Somoza en Paraguay y quisieron celebrar “El día de la Alegría” por las calles de Managua.

*Administrador de Empresas.  

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí