AFP
KABUL.- Los talibanes, que consideran como su “huésped” al multimillonario saudita Ossama Bin Laden, sospechoso de ser responsable de los atentados perpetrados en Estados Unidos, son milicianos islamistas integristas y ocupan el poder en Afganistán desde 1996.
Estos “estudiantes en teología” formados en escuelas coránicas en Pakistán aparecen en el escenario afgano en el otoño (boreal) de 1994, y tienen como líder al mulá Mohammad Omar, de unos cuarenta años de edad, un ex jefe de la resistencia contra los soviéticos.
Armados por Pakistán y financiados por Arabia Saudita, con el acuerdo de Estados Unidos, los talibanes, apoyados por una población cansada de años de guerra civil, conquistaron en dos años la casi totalidad del país.
Luego de apoderarse de Kandahar, la ex capital real, en noviembre de 1994, los talibanes tomaron en septiembre de 1995 el control de otra gran ciudad, Herat (oeste), antes de tomar Jalalabad (este), el 11 de septiembre de 1996, y Kabul, la capital afgana, dos semanas más tarde.
Los talibanes expulsaron al presidente Burhanuddin Rabbani, ejecutaron al ex presidente títere de los soviéticos Najibulá e instauraron un “sistema islámico completo”.
Siendo sólo algunos centenares cuando atravesaron la frontera paquistaní, los talibanes serían ahora unos 35,000 hombres.
Disponen de cientos de tanques, transportes blindados, artillería pesada, cañones antiaéreos y aviones de combate, y controlan la casi totalidad del territorio afgano.
Pertenecientes en su mayoría a la etnia pashtu, mayoritaria en Afganistán, y cuya dominación es secular, los talibanes aspiran a poner en pie el “Emirato Islámico” más “puro” del planeta.
Con el Corán como única referencia, los talibanes imponen el régimen más radical del mundo islámico, prohibiendo toda diversión y toda influencia occidental en la vida de los afganos.
Las mujeres, que ya no tienen derecho a trabajar, están condenadas al confinamiento, y sólo tienen derecho a salir a la calle cubiertas de pies a cabeza, la mirada oculta detrás de una malla muy cerrada.
En este sistema está prohibido mirar la televisión o filmes en vídeo, escuchar música no religiosa, pasearse sin sombrero o vestirse a la occidental, poseer aves en jaulas, fotografías, jugar con cometas o tocar el tambor.
Es también en nombre del Islam que el régimen destruyó en marzo pasado estatuas pre islámicas, entre ellas los célebres budas gigantes de Bamiyan (centro), y en agosto prohibió la utilización de internet.
En cambio, es obligatorio ir a rezar a la mezquita cinco veces por día y los hombres están obligados a llevar barba, cuyo largo está estrictamente reglamentado.