Damaris Cortés Pereira*
El desarrollo de un plan económico para las autoridades que asumirán el nuevo gobierno de Nicaragua, en el 2002, ineludiblemente tendrá como punto de partida el enfrentamiento al siguiente dilema: “la producción interior es baja y debe aumentarse, pero la balanza de pagos tiene dificultades y realmente el país no puede soportar un déficit aún mayor, ya que se corre el riesgo de penetrar en la situación de economía regresiva abierta”. Si aumenta el nivel de renta o ingreso interior por elevación del empleo, las exportaciones netas disminuirán a medida que se eleva la demanda interna y a la vez se daría una tendencia de aumento en el volumen de importaciones, esto traería consigo un empeoramiento de la Balanza de Pagos.
El escenario anterior sumado al compromiso internacional “Servicio Reforzado de Ajuste Estructural (ESAF), suscrito con el Fondo Monetario Internacional, exige una política económica general que incluya medidas fiscales y monetarias y controles físicos directos, que actuando armónicamente permitan alcanzar el punto de equilibrio tanto hacia adentro, como hacia fuera.
Nicaragua puede soportar un incremento de la renta interior y por tanto del gasto en importaciones, si maneja la carrucha que contiene todos los posibles tipos de interés y suelta el hilo de características tales del interés, con capacidad de provocar una entrada de capital para conseguir la financiación del Déficit Comercial (Nicaragua marca en dólares, exportaciones de 600 millones, e importaciones entre 1,600 y 1,800 millones), igualmente si las condiciones lo exigen y permiten, puede establecerse un selectivo control sobre las importaciones.
Los objetivos que a corto plazo tiene la política monetaria, son: a) ocupación plena, b) eliminación de la inflación, c) equilibrio externo; las realidades económicas y el manejo del instrumento político-monetario, no conducen muchas veces al alcance “al menos parcialmente” de los tres objetivos, muy por el contrario, se presentan deformidades o aberraciones, tal es el caso de Nicaragua, donde sin existir ocupación plena y por lo tanto, incrementos en la Demanda, hemos venido presenciando una elevación de los costos, como producto de medidas fiscales abiertas o disfrazadas y un galopante ascenso del desempleo.
Los teóricos de la política monetaria rechazan cualquier política inconsistente con la ocupación plena.
Las próximas autoridades conductoras de la economía nacional deberán determinar la ponderación que darán a los tres grandes objetivos de la política monetaria y considerar la implementación de medidas que no induzcan a una contracción de la demanda agregada, muy por debajo del punto necesario para trabajar en la búsqueda de la “ocupación plena”.
Igualmente, parte medular de la política monetaria lo deberá constituir el proceso de negociación de la Deuda Pública que comprende la externa y la interna y la reestructuración del Gasto Público en forma y fondo.
El manejo del Gasto Público en cuanto a volumen y dirección de sus corrientes, tiene gran trascendencia, en cualquier tipo de economía, siendo sus incrementos generadores de expansiones y los decrementos, de contracciones. En Nicaragua se ha roto la regla y la elevación del mismo ha marchado paris passus con la contracción, pues gran parte del mismo se ha empleado en la cobertura de los elevados salarios de los funcionarios del gobierno actual.
* Economista y Socióloga