Cultivos transgénicos

Aldo Rojas* II PARTE.- Otro aspecto interesante que debemos tomar en cuenta es que si bien es cierto esta tecnología ha sido muy criticada y extremadamente estudiada, ninguna otra tecnología en el campo de la agricultura ha sido tan fácilmente adoptada y a ritmos de crecimiento impresionantes. En 1996 se sembraron en el mundo 1.7 […]

Aldo Rojas*

II PARTE.- Otro aspecto interesante que debemos tomar en cuenta es que si bien es cierto esta tecnología ha sido muy criticada y extremadamente estudiada, ninguna otra tecnología en el campo de la agricultura ha sido tan fácilmente adoptada y a ritmos de crecimiento impresionantes. En 1996 se sembraron en el mundo 1.7 millones de hectáreas y en 1999 estas áreas crecieron hasta 48.4 millones de hectáreas, en la actualidad estas áreas son mayores y van a seguir creciendo en el futuro. Veamos por ejemplo, China tiene más del 20% de la población mundial y solamente el 7% de la tierra arable del mundo. Con esta creciente población, y cambiantes hábitos alimenticios, la seguridad alimentaria es una preocupación eminente. China primero se orientó hacia la Biotecnología a mediados de 1980. Cientos de laboratorios a través del país han sido involucrados en los esfuerzos de investigación. La mitad de un millón de hectáreas de cultivos transgénicos han sido plantadas, haciendo de China uno de los países líderes mundiales en el crecimiento con cultivos transgénicos. Mientras que muchos países vacilan, China se está moviendo hacia delante.

Con todo y esta realidad nunca debemos descuidar los impactos en el ambiente de ésta y cualquier otra tecnología, los impactos en el ambiente deben ser también controlados. Por ejemplo, ¿pueden los insectos ser eliminados por los cultivos resistentes a insectos? Hubo una protesta en los medios americanos cuando un estudio mostró que polen procedente de maíz resistente a insectos pudo haber causado la muerte de larvas de la mariposa Monarca.

“Polen GM que puede significar una nube de muerte para las mariposas”. Lo que no revelaron fue que en el estudio de laboratorio las larvas de mariposa fueron forzadas a alimentarse con hojas cubiertas con polen.

La prensa omitió comentar que subsecuentemente 20 o más experimentos de campo han mostrado que no solamente no hubo efecto en las larvas de la mariposa Monarca, pues las larvas en forma preferencial escogen no comer hojas que contengan polen, tanto genéticamente modificadas o no. De hecho, desde la difundida aceptación de los cultivos GM para resistencia a insectos en USA, las poblaciones de la mariposa Monarca han incrementado, probablemente debido a la disminución en el uso de insecticidas.

Por otro lado, se hace la acusación de que los agricultores no pueden plantar semillas derivadas de cultivos genéticamente modificados. Ésta es la así llamada “Tecnología Terminator”, por la cual las plantas genéticamente modificadas son estériles, forzando a los agricultores a comprar semillas en cada ciclo de siembra. El hecho es que agricultores comerciales y aún muchos de pequeña escala compran semilla, semilla convencional para cada siembra. Sin embargo, la tecnología fue presentada como potencial y extremadamente dañina, y ésta ha sido, por lo tanto, retirada. Pero, los lectores deben tener en mente que para una compañía de semillas proteger la investigación invertida en su producto, no es diferente a una compañía que protege su software o en una compañía de grabación que protege sus discos compactos.

Críticas de cultivos genéticamente modificados a menudo citan el hecho que la tecnología está toda en manos de grandes compañías quienes solamente se escudan en las necesidades de los países en desarrollo. En África del Sur, el sector público y privado han reunido esfuerzos en tratar de resolver uno de los problemas centrales del subcontinente —la carencia de agua—. La investigación sobre cultivos tolerantes a la sequía está logrando tremendo progreso con la promesa de mejorar la producción de los cultivos. Lo mismo en Kenya, asociaciones similares están abordando conjuntamente la resistencia a virus en patatas dulces.

Aunque está claro el gran potencial de los cultivos genéticamente modificados, no podemos aceptar una aprobación en blanco para tales cultivos en todas las regiones geográficas y particularmente nuestro país.

Éstos deben ser probados particularmente, caso por caso, y sujeto a una rigurosa evaluación riesgo-beneficio. En adición, los alimentos derivados de estos cultivos deben también ser cuidadosamente probados, tanto en términos de seguridad en corto y largo plazo. Recordemos que no hay tal cosa como alimento seguro, es solamente la seguridad de usar el alimento.

Dadas las realidades socioeconómicas y necesidades en países tales como África del Sur, Kenya y China, es casi irrelevante preguntar si deben usar una tecnología cuyos beneficios ya han sido demostrados a sus pobladores. Estos pueblos no pueden proporcionar un límite para sí mismos a la estrecha interpretación de las evaluaciones de riesgo del mundo desarrollado.

Igualmente, no podrán dar a permitir al Debate Occidental para reducir su acceso a beneficios existentes y esperados en el futuro de la Biotecnología. Debido a que Europa tiene suficiente alimento y no quieren alimentos derivados de cultivos genéticamente modificados ¿debemos nosotros permitirles que nos dicten lo que es mejor para nosotros y otros en el mundo en desarrollo?

En un país como Nicaragua, en donde a menudo se carece de alimentos suficientes para subsistir y donde los precios de éstos afectan directamente los ingresos de una gran parte de la población la cual además subsiste con elevados índices de desnutrición, no es fácil ignorar el potencial que tienen estos cultivos para aumentar la productividad y contribuir a aliviar la desnutrición.

Finalmente debemos estar claros que si bien es cierto los posibles beneficios de estos cultivos son desproporcionadamente grandes, también lo son sus posibles costos sobre todo si no somos capaces de realizar un estudio caso por caso de cualquier evento que se quiera introducir al país. En este sentido debemos crear las capacidades científicas para evaluar la inocuidad, la capacidad económica para evaluar su valor, la capacidad para implementar normas que rijan su distribución y uso sin riesgos y crear un sistema jurídico adecuado para imponer sanciones y castigar las transgresiones de la ley. En mi opinión existen ya algunas capacidades dispersas en el país que juntándolas pueden, desde una óptica responsable y basados en el análisis científico de cada evento, contribuir enormemente a disminuir los riesgos reales.

Ya se han dado los primeros pasos en este sentido y esperamos seguir avanzando en el futuro inmediato.

* Coordinador Programa Biología Molecular-UNAN  

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