La moral hace camino al andar

Emiliano [email protected]

En estos momentos en que los nicaragüenses nos preparamos para elegir a los líderes que tendrán que gobernar, significa un momento crucial para la historia de la nación.

Existe un clima de recelo y desconfianza que aqueja a la sociedad nicaragüense, quien espera a un presidente que se preocupe por todos los sectores sociales.

La preocupación de la ciudadanía no es para menos, ya que todos los problemas existentes que agobian a gran parte de la sociedad son el resultado de la ausencia de prudencia, sabiduría, discernimiento, responsabilidad y respeto de quienes representan liderazgos públicos, sobre todo respecto a los gobernantes, que son jefes supremos de cualquier nación, y que son responsables del buen funcionamiento de ésta.

Ya es hora de que se eliminen actitudes ideológicas o partidarias en asuntos que puedan perturbar a la democracia, o bien para perjudicar a personas o instituciones. La ira, la soberbia y la prepotencia, o el que porque yo mando no deberían caber en las mentes de aquellas personas que tienen responsabilidades administrativas o peor aún en aquél que ostenta el cargo de gobernante.

Los nicaragüenses esperamos a una clase de dirigentes que antepongan intereses partidarios o sectoriales, y que en cambio actúen para ejercer la función por la cual fueron electos: gobernar para todos, y cumplir con las demandas sociales; empleo, estado de derecho, justicia a lo justo, educación y apertura participativa a todos los sectores sociales en las decisiones del país. A los nicaragüenses ya no nos agrada ver a aquellos líderes políticos que se enriquecen del erario, mientras la población vive en penurias, en un total contraste con la forma de vida de líderes políticos y gobernante.

Estamos a las puertas de las elecciones presidenciales, donde los contendientes tienen sus propios programas de gobierno, pero sería importante que en un debate público expliquen cómo van a hacer para dar cumplimiento a esas promesas, y además de dónde van a sacar los recursos para llevar a cabo los proyectos sociales, económicos, etc.

El programa de un futuro gobierno no tiene por qué quedar plasmado en papel o en las ya acostumbradas promesas demagógicas de los políticos. Los ciudadanos tenemos el deber y el derecho de cuestionar, de discernir y debatir con los líderes y los gobernantes tal a como lo hacen las naciones civilizadas. Si bien es cierto que todas las elecciones presidenciales son importantes en el desarrollo democrático de cualquier nación, la que esperamos los nicaragüenses es quizás la más importante que las anteriores. Nicaragua está en un proceso de estabilidad económica y social, y para que se consolide tiene que estar administrada por un gobernante sensato, sabio, y que además de conocer y obedecer las leyes, tiene que exigir sumisión y respeto a ellas de sus colaboradores.

Ojalá que el candidato electo para gobernarnos, actué con justicia y que no haga cosas que en el pasado otros gobernantes han hecho, heredando nada más miseria y desesperanza a sus ciudadanos.

* El autor es periodista.  

Editorial
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