La defensa de los Derechos Económicos y Sociales

Flor Elena Ruiz* Los derechos Económicos, Sociales y Culturales marcan un hito en la conceptualización de los derechos colectivos, sin embargo, las situaciones estructurales de cada país impiden el pleno disfrute de estos derechos, siendo la pobreza el flagelo principal para que no se hagan efectivos. Llevando un poco el caso a los extremos, ésta […]

Flor Elena Ruiz*

Los derechos Económicos, Sociales y Culturales marcan un hito en la conceptualización de los derechos colectivos, sin embargo, las situaciones estructurales de cada país impiden el pleno disfrute de estos derechos, siendo la pobreza el flagelo principal para que no se hagan efectivos. Llevando un poco el caso a los extremos, ésta ha adquirido dimensiones de aislamiento social, desarraigo y desintegración, fatalismo, desconfianza, pobreza y rechazo, aspectos que afectan el nivel de estudio, de formación para el empleo, la salud, etc. Hay que tomar en cuenta que la pobreza humana no es únicamente un déficit de recursos para alcanzar y mantener un nivel de vida decente, es más bien el resultado de un conjunto de desigualdades sociales, económicas, políticas y culturales. Este concepto de pobreza está asociado a una concepción integral de derechos humanos, en la que los derechos civiles y políticos se consideran como parte de un todo indivisible e integral junto con los derechos económicos, sociales y culturales.

No se requiere ser experta para saber la estrecha relación que existe entre el desarrollo socioeconómico y los derechos humanos, en particular entre el desarrollo y algunos de los derechos económicos y sociales consagrados en tratados de derechos humanos como el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de Naciones Unidas; el Protocolo Adicional a la Convención Americana en materia de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y la Carta Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos. Uno de los temas que parece requerir de un análisis más profundo es la relación entre el desarrollo sostenible y los derechos económicos y sociales. Sobre este tema es preciso apoyarnos en las estadísticas realizadas sobre grupos vulnerables: los pobres en las zonas urbanas y rurales, poblaciones indígenas, niños, mujeres, ancianos, personas con enfermedades terminales y discapacitados, que en nuestro país son un buen segmento de la población, debido al alto índice de violencia a consecuencia de la guerra y los que por su naturaleza nacen con alguna discapacidad. Nuestra principal preocupación debería ser la satisfacción de las necesidades básicas de cada uno de estos seres humanos, como son alimentación, salud, un medio ambiente sano, vivienda digna, educación gratuita y de calidad. Los gobiernos deben responsabilizarse de esta temática y los sectores de la sociedad civil deben incidir en la agenda política de éstos, para que se puedan incluir políticas sociales integrales, que llenen cada uno de las necesidades esenciales del ser humano acorde a su dignidad como persona.

La difusión y la legitimación de los derechos humanos, es uno de los componentes más nuevos de nuestra realidad política, pero a pesar de esto, los nicaragüenses debemos congratularnos por el éxito que nuestra sociedad está obteniendo en esta materia. Expreso con mucho énfasis, que en Nicaragua se respetan los derechos humanos especialmente aquellos llamados de primera generación, es decir los que tienen que ver con la vida e integridad física. Hemos avanzado considerablemente y este es un logro social producto del esfuerzo de muchos nicaragüenses que incluso exponiendo sus vidas han sido defensores de los derechos humanos, aunque todavía nos encontramos muy lejos de alcanzar la igualdad y de crear la fraternidad, nos queda mucho por conquistar la bastilla social.

Esto nos lleva a reconocer que los derechos humanos en sus expresiones sociales y económicas, en aquellos aspectos que implican asegurar igualdad de oportunidades, empleo, educación, salud, vivienda, todavía estamos muy lejos de alcanzar. Al día de hoy son una utopía, y probablemente se encuentren más allá de las posibilidades financieras de la hacienda del Estado de nuestro país. Estos derechos no podrán ser satisfechos por el Estado, mientras continuemos sumergidos en los actuales niveles de pobreza. Si las cifras que ofrecen los organismos económicos y financieros internacionales, si los datos que arrojan las encuestas e investigaciones sobre la realidad social son ciertos, entonces más de tres millones de nicaragüenses se encuentran ahora sumergidos en la pobreza. Es decir que los derechos humanos de esos tres millones se encuentran permanentemente violados y hasta ahora sin esperanzas.

Es muy grave el nivel de pobreza de la sociedad nicaragüense, pero es más grave todavía el aumento de las desigualdades sociales. Las diferencias sociales se han profundizado y se han ensanchado. Tenemos el deber de revertir esa tendencia. No puede continuar creciendo el número de pobres ni se deben seguir profundizando los grados de pobreza.

La pobreza creciente es la enfermedad más grave de Nicaragua a comienzos del Siglo XXI. Prácticamente ya no existe clase media, para describir la estratificación social de nuestras sociedades, tenemos que introducir conceptos nuevos, ahora debemos hablar de pobres altos, pobres y paupérrimos. Estamos acumulando tensiones sociales, frustraciones y resentimientos, estamos cerrando oportunidades. En parte esto explica la migración masiva de nuestros habitantes, pero también contiene una potencialidad de conflicto extremadamente alto para nuestro país. Debemos hacer un llamado de atención y de alerta a los líderes políticos, empresariales, religiosos y a toda persona que ejerza una influencia o liderazgo, para que nos ocupemos de este cáncer que es la pobreza creciente.

* La autora es abogada.  

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