- Sólo faltaba
un out, sólo
un strike
Edgard Tijerino M. [email protected]
Durante 8 entradas y dos tercios, Mike Mussina estuvo viajando por el espacio, caminando sobre la luna y acariciando las estrellas… La proeza estaba ahí, frente a sus narices, danzando coquetamente, como una bailarina saliendo de la Lámpara de Aladino… Y de pronto, se hundió como un viejo galeón español imposible de ser rescatado.
Un strike más, sólo un strike más, eso es todo lo que Mussina pedía al cielo que cobijaba el Fenway Park la noche del domingo. Un lanzamiento más a Cal Everett, ese peligroso emergente, y Mussina que cumplirá 33 años en diciembre, podría meter la gloria en una botella.
¿Recuerdan a Miguel Angel destrozando lo magistralmente trazado en el techo de la Capilla Sixtina para comenzar de nuevo?… Eso fue lo que hizo Everett con el pitcheo de Mussina, pese a no poder desarrollar todo su swing, con el hit a los jardines que llevó al borde del infarto a 33,734 testigos oculares.
Una vez más, quedó demostrado lo difícil que es “la elaboración” de un Juego Perfecto… ¡Qué grande fuiste Denis Martínez aquella tarde del 28 de julio contra los Dodgers!
Nada mejor como estímulo que un gran duelo, y David Cone, el más reciente tirador de un perfecto en 1999, estaba dominante en la colina de enfrente retando la inspiración de Mussina. El 0-0 a lo largo de 8 entradas, mantuvo más presionado a Mussina, contratado por los Yanquis como un factor de seguridad, después de haber mostrado su grado de utilidad al frente del staff de los Orioles.
En el noveno, un hit de Tino Martínez, error del intermedista Merloni y doble de Enrique Wilson, colocaron a los Yanquis en ventaja, y en el cierre, con Mussina sintiendo como pedazos del cielo caían encima de su brazo derecho, Clay Bellinger, enviado providencialmente a correr por Tino para anotar la única carrera, realizó la atrapada de la noche sobre un batazo de Troy O´Leary que todos lo consideraron hit seguro. Bellinger se zambulló, ahogó la pelota y pudo reaccionar con tiempo para tomar posición de tiro, mientras Mussina asistía oportunamente. Un toque dramático que pareció ser planificado en Hollywood.
Un ponche, el 13 de Mussina, fue el out 26, y ahora sólo quedaba Everett amenazante, tratando de robarle la grandiosidad. Pronto, Mussina lo colocó en dos strikes antes de un lanzamiento alto. El público rugía mientras el latir de los corazones se escuchaba como una gigantesca banda de guerra… ¡Que momento señores!
El pitcheo fue rápido, elevándose y buscando la esquina superior del lado de afuera en la zona de strike… Everett pareció un oso tratando de tirar un manotazo yendo encima de la pitcheada, y el hit a los jardines fue una estocada en el corazón de Mike.
Se le presente o no a Mussina, otra oportunidad de entrar al Museo de la Grandiosidad monticular, construyendo un Juego Perfecto con la destreza y el talento de Bramante, aquel arquitecto contratado por el Papa Julio II para darle forma a la Basílica de San Pedro, hay una imagen congelada que el pitcher derecho de los Yanquis estará viendo orgullosa y amargamente por el resto de su vida, y es la de Cal Everett retando una gran complicación muscular para batear un strike alto, convirtiendo en cenizas la posibilidad de la Obra Maestra.
SOLO 17 PERFECTOS
– En más de un siglo, sólo se han registrado 17 Juegos Perfectos, incluyendo los de Ernie Shore como relevista y Don Larsen en Serie Mundial, casos únicos.
– En Boston el domingo, los aficionados atravesaron por una presión agobiante: ¿cómo controlar las emociones contradictorias cabalgando a través de los agitados pechos mientras estremecían los corazones?
– Presenciar un Juego Perfecto, es algo que todo fanático del béisbol desea, pero no propiamente contra el equipo de su alma… Ver frustrarse la proeza por un batazo salvador de última hora, puede ser deseado con la misma o quizás mayor intensidad.
– En cualquiera de los casos, el “yo estuve ahí” permanecerá por siempre. “Llega un momento en que ves a cada bateador convertido en una montaña de dificultades”, me dijo después de la temporada de 1991, Denis Martínez, el único latino en lograr la proeza.
– Pedro Martínez realizó un trabajo similar a lo largo de 9 entradas desde la colina de los Expos en 1995 contra los Padres, pero Bip Roberts lo malogró en el décimo.
– En 1917, Ernie Shore, relevando a Babe Ruth con un embasado en el primer inning sin out, enfrentó a 26 bateadores sacando 27 outs, después que el corredor heredado fue sorprendido.
– En 1959, Harvey Haddix de los Piratas estuvo perfecto por 12 entradas contra los Bravos y perdió el juego en el inning 13.