Frank Briceño M.
Sin duda alguna, como profesional y ambientalista, me ha llenado de mucha satisfacción los spots televisivos sobre la limpieza de Lago Xolotlán, pero más que lo regional y lo folclórico de los spots, me llena de esperanzas la voluntad del Gobierno, la solidaridad de naciones amigas y la capacidad de los profesionales al frente del proyecto ante semejante reto.
En estudios recientes donde hemos participado, se ha demostrado que innumerables desperdicios tóxicos, incluyendo 600 toneladas de heces fecales desembocan diariamente y contaminan al prometido de la ciudad capital, este cálculo es una simple proyección, ya que se estima conservadoramente que cada habitante de esta hermosa ciudad, aporta 454 gramos de heces fecales por día a la dantesca contaminación del Xolotlán.
Se ha estimado el volumen estático del lago en 10.000 millones de metros cúbicos y suspendidos en esas negruzcas aguas, hay unas 150 toneladas métricas de mercurio en este inorgánico, lo cual se ha acumulado debido a desechos clorinados de las fábricas, en su ribera occidental.
El CIRA (Centro de Investigaciones de Recursos Acuáticos) en un importantísimo documento consultado por el suscrito, estima que además hay disueltas en sus aguas sustancias peligrosas como el tetracloruro de carbono, hidrocarburos clorados, acido clorhídrico, DDT, arsénico, boro y otros elementos nocivos que a través de los años han ocasionado una tirantez ambiental en sus aguas, donde han proliferado en niveles poblacionales altísimos, quironómidos y oligoquetos en todos sus larvarios.
No podemos obviar en este artículo el enorme arrastre de desperdicios sólidos que por los cauces son conducidos al lago (llantas, chatarras, botellas, etc.) ¿Cuánto de esto habrá, ya en las aguas del Cocibolca?
Ante este panorama desolador el proyecto es ambicioso, su éxito consistirá en la fluidez de los recursos, tecnología, tesón, habilidad y sobre todo la gran capacidad de los ingenieros sanitarios, biólogos, ecólogos, ingenieros civiles, agrónomos. etc.
Pero como padre de familia, ambientalista y conocedor del Güegüense que llevamos dentro, considero que el mejor éxito y sostenibilidad de lo limpio, consistirá en la educación de nuestra generación de niños, jóvenes y adultos, donde prevalezca una conducta ecologista y armónica con el medio ambiente, donde prive el amor a la naturaleza y el resto a las dádivas de Dios.
No quisiera terminar este artículo sin recordar, ni mucho menos morirme, sin ver ese lago con sus aguas fúlgidas, limpias y transparentes, como me lo describió una tarde en mi niñez, mi abuela paterna (q.e.p.d.) quien en lancha lo cruzaba desde San Francisco del Carnicero hasta Managua, donde es hoy el Malecón no sin antes pasar por haciendas fecundas y en sus años de juventud comerciaba quesos, por albardas, cuajadas por jáquimas y aparejos, y en más de una ocasión la brisa limpia y fresca del lago acarició su despertar en las duras bancas de la estación del ferrocarril, figura igual a la de Krüger, que cantó al Barrio de Pescadores, resaltando la fortuna de haberse dormido a las orillas del lago de cristal.
¡Managua, se merece un novio limpio, ya ella está engalanada!
* Delegado Departamental de Inafor en Rivas.