Tito Rondó[email protected]
En esa época yo creía que Fonguito (Ramiro Solórzano) era viejo, que había venido en el mismo paquete que el estadio. Nunca me imaginé que al igual que mi hermano y yo (y el estadio, de ocho años) era un recién llegado. La verdad es que de 1955 al día de hoy ningún fanático de Managua puede imaginarse el béisbol sin la voz de Fonguito.
De los olores había de todo, desde lo delicioso de las comidas hasta otros no tan agradables; la cerveza se vendía en abundancia y no existían los baños.
En la temporada de 1955 tres equipos captaban la atención de los aficionados, ya que el San Fernando de Masaya y el Granada eran malísimos.
Sí, logré entender que a los fernandinos todos los jugadores o envejecieron a la vez o se metieron en una racha horrible en grupo. Así Ovidio Sosa y varias estrellas bateaban alrededor de .100.
Pero los otros tres clubes estaban llenos de estrellas y personalidades.
Ya he explicado que mi favorito era el Flor de Caña. Allí estaban Duncan Campbell, un jardinero veloz y buen bate con un brazo como cañón; un short pequeñísimo pero que jugaba con ganas, Francisco Tijerino; el que anunciaba Fonguito como “Santos Tercero, tercera base”, que fildeaba y bateaba; un lanzador como Hernaldo Vargas, que retaba a cualquiera, y muchos más.
El 5 Estrellas no quedaba atrás. Ya Stanley Cayasso casi no jugaba, pero estaba el poderoso Momo Niño Obando en la inicial acompañando un ataque que incluía al velocísimo Eduardo Green, “La Gacela Negra”; Fito García, que jugaba segunda o right; Pancho “El Americano” Fletes en el short (no sabía que era su última temporada) y lanzadores de bola meteórica como “Mundito” Roberts (que no se llamaba ni Mundito ni Roberts) y pítcheres de control como Goyito López.
El Bóer era de contrastes: tenía al pelotero más alto, Wilfredo “La Torre” Arcia, y al más bajito, Eduardo “Gallito” López. Los dos eran ídolos por igual. También Julio “Bicicleta” Torres, Napoleón “Arena Blanca” Romero, Ernesto Chamorro y lanzadores como los primos el zurdo Félix Delgado y el derecho Félix Sotelo.
Yo estaba en el estadio cuando el “Gallito” dio rola al cuadro y el tiro, desviado, le dio en la cabeza. El “Gallito” cayó como fulminado por un trueno, pero alcanzó a ver la pelota perdida en la zona de foul del jardín derecho. Sacando fuerzas de la flaqueza, o tal vez del instinto de pelotero, se levantó y corrió a tercera, donde se desmayó ya definitivamente. Se lo llevaron “chineado”, como a un chavalito.
También estaba cuando Jorge “La Chita” Pomier dobló primera, tropezó en una canilla de Arcia que no debería haber estado allí, y cayó, sufriendo fractura de una pierna.
Pero lo más sensacional fue cuando uno de los equipos malos se convirtió en la mayor atracción…