Pedro J. Chamorro B.*
Si en algo hay consenso en Nicaragua, país donde cada quien es un mundo, es que tenemos un gran potencial turístico que desarrollar, y que en un país como el nuestro, el turismo es una de las avenidas más rápidas para crear riqueza y generar empleo.
No tenemos que ir muy lejos para darnos cuenta que sí se puede lograr: basta con ver lo que en dos décadas ha logrado nuestra vecina Costa Rica, país que carece de nuestro inmenso potencial turístico, que con sólo observar un mapa topográfico de Nicaragua resulta evidente, hasta para los ojos de una persona que no lo conoce.
La guerra civil entre nicaragüenses ahuyentó toda esperanza de turismo en la década perdida de los 80. Los únicos “turistas” que nos visitaban eran los internacionalistas que venían a Nicaragua por motivos ideológicos y hasta para entrenarse y penetrar como turistas a países vecinos en donde la revolución parecía inminente. Le llamaron “el turismo de sandalistas revolucionarios”.
Con la llegada de dos gobiernos democráticos sucesivos, en los años noventa, vimos cómo ese potencial turístico —que siempre hemos tenido— podía desarrollarse a un ritmo sostenido de 20% anual, que aún resulta insuficiente para que el impacto de la industria sin chimeneas se sienta en nuestra economía. Podemos afirmar sin embargo, que el turismo asoma a la ventana de nuestra casa, ¿pero cómo hacer para que entre de lleno, de par en par?
Para decir verdad, aunque suene a propaganda electoral, debo reconocer que solamente he visto un plan, consistente, congruente y con la credibilidad de la experiencia, que apunte en esa dirección: es el plan recién presentado a la nación por el Ing. Enrique Bolaños para generar más empleo por medio del turismo.
Don Enrique nos dijo, no solamente lo qué va a hacer, sino el cómo y el porqué, que es la parte más difícil de toda ecuación empresarial, porque cualquiera puede soñar y decir el qué, pero sólo los empresarios pragmáticos saben el cómo y el porqué. Veamos brevemente:
Más inversión estatal en infraestructura crítica para el turismo: aeropuertos internacionales en los destinos remotos, como Corn Island, San Juan del Norte y Bluefields; la carretera que unirá Nueva Guinea con Bluefields, la carretera pavimentada Acoyapa-San Carlos, de importancia estratégica para verdaderamente integrar, de una vez por todas, el Río San Juan a la nación; la utilización con visión de futuro para Managua, de la gigantesca pista de San Pancho, en Punta Huete, que desde que fue construida por los sandinistas a inicios de los 80, ha estado abandonada para todo propósito útil, lo cual la ha convertido en la mayor inversión perdida del Estado de Nicaragua en toda su historia.
Más inversión privada: primero creando un clima de seguridad que solamente un gobierno liderado por un empresario exitoso puede dar; en segundo lugar, fortaleciendo la Policía Nacional para mejorar ese clima de seguridad ciudadana; y en tercer lugar, incentivando la inversión nacional y extranjera, mediante la puesta en marcha del Fondo de Inversión Turística.
Este fondo sencillamente consiste en que las empresas exitosas podrán invertir hasta un 70% del impuesto sobre la renta, que de otra forma deben pagar al fisco, en el turismo. Una ley similar fue promulgada en Costa Rica en los años 80 y fue lo que catapultó la inversión turística privada en ese país.
Otro elemento importantísimo: una fuerte campaña de promoción internacional de nuestras bellezas naturales, nuestras ciudades coloniales, de la hospitalidad del nicaragüense y de la seguridad que gozan los turistas en nuestro país, que el plan pretende incrementar. Además se hace énfasis en fomentar el turismo étnico, o sea, los miles de nicaragüenses que han ganado su residencia en los Estados Unidos y ahora pueden visitar su país.
Pero eso no es todo: el Ing. Bolaños ha enfatizado que su estrategia de fomento al desarrollo turístico dará iguales oportunidades, tanto al pequeño empresario que “se lanza al ruedo” y apuesta al turismo con sus pequeños ahorros, como a las grandes empresas, que con sus utilidades pueden diversificarse hacia el turismo, abriendo nuevas fuentes de empleo, sin arriesgar nada a cambio, porque podrán invertir las utilidades que de otra manera pagarían al fisco.
Consciente como buen empresario que es, que la calidad es tan importante como el producto mismo, el Ing. Bolaños propone un plan de “calidad total” en la industria turística mediante la implementación del sello de calidad, que otorgará el Intur, a aquellas empresas que llenen los requisitos previamente establecidos.
Las tres condiciones fundamentales para el desarrollo turístico son: la paz, la seguridad, tanto física, como jurídica; y la estabilidad macroeconómica. Está comprobado históricamente, que de poco sirven nuestras bellezas naturales: como el Lago de Nicaragua, nuestras bellas playas del Pacífico y el Caribe, nuestras ciudades coloniales, Ometepe, el Río San Juan o Bosawás, sin uno de estos elementos.
¿Quién puede ofrecer más de cada uno de estos tres elementos, los que gobernaron con guerra y con hiperinflación, dejando nuestra economía en bancarrota, luego de confiscar a todo aquel que se ponía en su camino, o quienes han demostrado con hechos, en el currículum de sus vidas, que sí se pueden lograr estos tres elementos, creando un ambiente que ha permitido al fin, que el turismo asome a nuestra ventana?
No es necesario ser mago o adivino para acertar la respuesta y llegar a la conclusión que está en el título de este artículo.
* Presidente Ejecutivo de Inifom.