¿Pacto de caballeros o de guatuseros?

Eduardo Enrí[email protected]

El socialista inglés Eric Blair —mejor conocido por su seudónimo George Orwell— escribe en su novela “1984”, que en el mundo del Gran Hermano el régimen estaba introduciendo un Nuevo Lenguaje, cuya base era cambiar el significado de las palabras: la guerra era paz, la libertad, esclavitud, y la ignorancia, fuerza.

Su propósito: “No sólo brindar un medio de expresión para la visión del mundo y la mentalidad de los devotos del régimen, sino también hacer imposible cualquier otra forma de pensamiento”, escribe Orwell. La misión del Nuevo Lenguaje estaría completa cuando la gente no dispusiera de palabras para expresar un pensamiento independiente de los intereses del régimen.

Ese Nuevo Lenguaje del mundo ficticio de Orwell parece que está por perfeccionarse en Nicaragua, donde los círculos políticos, económicos y sociales usan cada vez con más frecuencia expresiones positivas para describir actos o actividades censurables. El ejemplo más reciente, es el manejo que se pretendió dar a una carta que el Consejo Superior del Empresa Privada (Cosep) envió a la Corte Suprema de Justicia.

En ella, los empresarios señalan, entre otras cosas, su preocupación porque “la inseguridad jurídica se ha vuelto un denominador común en nuestro país, que mina de manera terminante su estabilidad y, por ende, los derechos económicos y de propiedad de los nicaragüenses”. Indudablemente, una crítica dura al Poder Judicial.

La carta se filtró y la publicó LA PRENSA, lo que provocó la incomodidad de varios magistrados, quienes alegaron que habían llegado a “un pacto de caballeros” con el Cosep para que no se divulgara la misiva. Para mantenerla en secreto.

Y eso es lo preocupante. Estas personas están firmemente convencidas de que hicieron un “pacto de caballeros” para mantener oculta una crítica que bien podría colaborar a mejorar las cosas en el Sistema Judicial, si se manejara públicamente y sirviera como un catalizador que genere nuevas presiones y que al final resulte en un cambio positivo. Pero según ellos, se portaron como “caballeros”.

De no haber existido la filtración, habría sido fácil seguir la lógica de este tipo de cosas que se manejan en la oscuridad, debajo de la mesa. Una caricatura de Manuel Guillén ilustra magistralmente un claro ejemplo de lo que sucede cuando los intereses de la Nación se manejan en secreto.

A mediados de 1997, Manuel publicó una caricatura en la que presentaba a Arnoldo Alemán y a Daniel Ortega en un bacanal romano; en medio de la comilona, Alemán le preguntaba a Ortega: “¿Cuál es tu propuesta?”, a la que éste le contestaba: “Comé y comamos”. Todos conocemos los resultados del Pacto.

Volviendo a los “caballeros” que pretendían manejar la crítica de los empresarios en la oscuridad, tenían una intención muy clara. Es fácil sentar a los empresarios tras puertas cerradas, averiguar cuáles son los casos que en realidad les preocupan, y empezar a “negociar” una solución. Algunos casos se podrán resolver, otros no, pero la presión se disminuye y todo sigue igual. Es así como la política ha funcionado en Nicaragua a través de la historia.

De esa manera, los problemas de la Nación no se discuten y tampoco se les busca solución, sino que los intereses se van segmentando y se les va atendiendo uno a uno —sin preocuparnos si pasamos por encima de los intereses de otros, o de todos— hasta que se vuelve normal tener un comportamiento de “sálvese quien pueda”, sin que nos demos cuenta de que con esa forma de actuar más bien estamos propiciando que todos nos ahoguemos.

La práctica está tan ampliamente extendida, que para los nicaragüenses es “vivo” y se convierte en una “personalidad” el que llega a un puesto público y trabaja sólo para alimentar sus cuentas personales, mientras es “dundo” el que sólo llega a hacer su trabajo, y sale igual o más pobre que como entró. Con esa mentalidad, ¿cuándo?

Así que para comenzar a cambiar, empecemos a llamar a las cosas por su nombre. Ese tipo de pactos que pretendían los magistrados no es de caballeros, en buen nica es de “guatuseros”, y no creo que nadie esté orgulloso de admitir que hace ese tipo de tratos.

* El autor es periodista.  

Editorial
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