Este jueves se inauguró una exposición de artesanías nicaragüenses en el Centro de Convenciones del Hotel Intercontinental Managua. Nada de extraordinario tendría un evento de esa naturaleza si no fuera porque fue promovido y organizado por un grupo de mujeres empresarias que libremente decidieron unir esfuerzos para ampliar la participación de sus empresas en el mercado nacional, y luego realizar un esfuerzo conjunto para incursionar en el mercado internacional. Originalmente la exposición estaba programada para llevarse a cabo los días jueves y viernes únicamente, pero sus organizadoras han decidido extenderla por unos días más.
Aparte de la indudable calidad de los productos en exhibición, da gusto ver la creciente participación de la mujer nicaragüense en el mundo empresarial. La razón principal del avance experimentado es producto de una mayor conciencia de la mujer en sus propias capacidades y talentos, lo que la ha llevado a preparase más y mejor para poder afrontar los retos de la vida con mayores conocimientos y habilidades técnicas. Asimismo, en la sociedad en general se ha venido dando un cambio de mentalidad que tiende a disminuir la discriminación por razones de género.
Nuestra Constitución Política, al establecer los derechos, deberes y garantías de los ciudadanos, no establece diferencia alguna entre hombres y mujeres. El Código del Trabajo, vigente desde el 30 de diciembre de 1996, señala entre sus principios fundamentales que “La mujer y el hombre son iguales en el acceso al trabajo y la igualdad de trato de conformidad con lo establecido en la Constitución de la República.”
Pero no cabe duda de que la libertad en que vivimos ha contribuido significativamente al marcado avance de la mujer en el mundo empresarial y profesional. Nada extraño es ahora ver a mujeres en cargos y actividades que antes estaban reservadas exclusivamente a miembros del género masculino. Pero es la libertad la que les ha permitido seguir sus propios intereses y metas vocacionales. Varias de las mujeres empresarias participantes en la exposición de artesanías cuentan que empezaron sus empresas como un pasatiempo o afición, y que posteriormente se dieron cuenta que podían convertir esos pasatiempos en actividades productivas generadoras de empleos y riqueza. Así lo han hecho, y estamos seguros que continuarán creciendo y aumentando el éxito de sus negocios.
Pero lo más interesante de todo es que ese progreso se está logrando sin conflictos de género innecesarios y sin necesidad de establecer cuotas o participaciones obligadas como pretende hacerlo la llamada “Ley de Igualdad de Oportunidades”, que se encuentra en el plenario de la Asamblea Nacional. Dicha iniciativa de ley asigna cuotas de participación femenina en las empresas y en los poderes del Estado. Así por ejemplo, busca que el 50 por ciento de los cargos en las empresas públicas y estatales sean ocupados por mujeres, y que en los Poderes del Estado ocupen cuando menos el 40 por ciento de las direcciones generales y de las estructuras máximas de representación. Señala, además, que esa participación “se irá ampliando hasta alcanzar paridad entre hombres y mujeres”.
Lo propuesto en esa iniciativa de ley puede parecer “justo”, pero no lo es, ya que de alguna manera sugiere que la mujer sólo es capaz de llegar a puestos de importancia si la ley lo impone, pero la realidad está demostrando lo contrario. Cuando las mujeres tienen igualdad ante la ley, como es el caso de Nicaragua, y se les da oportunidad de competir, demuestran ser tanto o más capaces que los hombres. Lo que debe permanecer es el ambiente de libertad.
Como muy acertadamente señaló la arquitecta Lorena Zamora, presidenta de la Cámara Americana Nicaragüense de Comercio (Amcham), en un artículo publicado en la edición del 19 de agosto del Diario LA PRENSA: “Las mujeres somos ya reconocidas y respetadas por nuestras calificaciones, y este mundo cambiante necesita de un trabajo en equipo, en el que todas y todos tengamos nuestros espacios y tareas a desarrollar para el progreso, ya sea de las grandes o pequeñas economías, y no caigamos en la gravísima equivocación y tentación de exigir los espacios únicamente por nuestra condición de mujer, sino por nuestra preparación, capacidad y rendimiento”.