Los militares norteamericanos ubicados en Honduras conocieron a través de los G-2 hondureños, los testimonios de los desertores guerrilleros.

Desertores develaron la conexión Nicaragua

Un Telegrama Militar desclasificado, originado desde Tegucigalpa, confirma que los oficiales del G-2 hondureño sabían en detalle aspectos vitales de la columna, y que David Arturo Báez Cruz, ex Boina Verde, estaba con ellos Roberto Fonseca [email protected] II Entrega.- A fines de agosto de 1983, los oficiales de Inteligencia hondureña (los G-2), igual que los […]

  • Un Telegrama Militar desclasificado, originado desde
    Tegucigalpa, confirma que los oficiales del G-2 hondureño sabían en detalle aspectos vitales de la columna, y que David Arturo Báez Cruz, ex Boina Verde, estaba con ellos

Roberto Fonseca [email protected]

II Entrega.- A fines de agosto de 1983, los oficiales de Inteligencia hondureña (los G-2), igual que los norteamericanos, sabían todo sobre la composición, armamento, estructura, comunicación y apoyo logístico de la columna guerrillera que se infiltró desde Nicaragua y que iba al mando del Dr. José María Reyes Matta, alias “Comandante Pablo Mendoza”.

La información recopilada, gracias al testimonio de 17 desertores, quedó registrada en Telegrama 09347, del 30 de agosto de 1983, enviado por la Oficina del Attache de Defensa de la Embajada de Estados Unidos en Tegucigalpa, a sus superiores de la Agencia de Inteligencia para la Defensa, en Washington.

A través de las confesiones, lograron determinar que la columna guerrillera se hacía identificar como una compañía de las Fuerzas Armadas del Pueblo (FAP) y estaba integrada por cuatro pelotones y sus unidades de apoyo. En total: cerca de 115 guerrilleros, incluyendo oficiales, asesores y técnicos.

De acuerdo con el resumen de los testimonios, el comandante de la Compañía era el Dr. José María Reyes Matta, bajo el seudónimo de “Comandante Pablo Mendoza”. Y sus principales lugartenientes eran: “Comandante Felipe Zapata”, del Primer Pelotón, denominado “Frente Norte”; “Comandante Serapio Romero”, del Segundo Pelotón, denominado “Frente Oriental”; y “Comandante Fidel”, del Tercer Pelotón, denominado “Frente Central”.

Además, estaba la Sección de Apoyo a la Comandancia, integrada por el “Comandante Adolfo” (David Arturo Báez Cruz), de quien el telegrama dice textualmente: “Un miembro que está siempre junto al Comandante Pablo Mendoza. Se sospecha que sea nicaragüense”. Los otros eran: “Subcapitán Alfredo Antúnez”, “Teniente Ana Guadalupe Berríos”, a cargo de logística y abastos; y “Teniente Freddy Betancourt”, ametralladorista, originario de Nueva Palestina, Honduras. “Fue por abastos el 4 de agosto y nunca regresó”, decía el cable enviado a Washington.

NEXOS CON NICARAGUA

Dos de los desertores, identificados como Santos Francisco Sánchez, alias “Ovidio Ortiz”, y Ramón Arturo Colindres, alias “Emiliano Santacruz”, aseguraron que fueron reclutados en 1981 por un hombre que luego identificaron como “Teófilo Martínez”, subcomandante del tercer pelotón de la compañía de las denominadas Fuerzas Armadas del Pueblo (FAP).

Martínez, según los desertores, los reclutó para participar en un “entrenamiento agrícola” en el exterior, como parte de un “programa de reforma agraria”, y si aceptaban, sus familias recibirían dinero y cuidarían de ellas.

“A mediados de septiembre de 1981, ambos abandonaron Honduras, de forma separada”, dice el Telegrama militar, ahora desclasificado. “Martínez acompañó personalmente a Colindres a Managua, desde donde fue enviado a Cuba. Sánchez se fue por sí mismo, en Tica Bus, a Panamá, a través de Nicaragua. Luego fue puesto en un vuelo de Cubana”, agrega.

Ahí recibieron entrenamiento en tácticas, topografía, formación de infantería, comunicaciones, primeros auxilios, artillería y otros, en la escuela de las tropas especiales cubanas, ubicada en Pinar del Río. Ahí conocieron al “Comandante Pablo Mendoza”, el Dr. Reyes Matta.

“El grupo retornó en grupos de cuatro a cinco, a mediados de septiembre de 1982 a Nicaragua, donde permanecieron los próximos once meses acampados en una casa de seguridad, sin dinero, sin contactos con mujeres ni salidas de fines de semana”, añade. Hasta que se conformó en su totalidad la compañía en julio de 1983 y fueron movilizados al noreste de Zelaya, para internarse a Honduras, a través del Río Coco.

Además, según los mismos desertores, la compañía disponía de un radio de largo alcance, el que se utilizaba para comunicarse con Nicaragua y “otros países”. Luego, el testimonio de otro desertor, Enoc Benigno, lo identificó como un “Yaetsu” portátil (un radio receptor-transmisor), con una antena direccional.

La antena estaba normalmente instalada en los árboles, para una mejor señal, y la fuente de poder era una batería de vehículo y un generador portátil operado con pedales mecánicos, dice.

“Los códigos de radio estaban escritos en una libreta, que la tenía en su poder el “Comandante Fidel”, líder del tercer pelotón”. Para resguardar la seguridad, las transmisiones duraban aproximadamente 30 minutos y se realizaban entre las 9:00 y las 16:00 horas, o sea, desde las nueve de la mañana a las cuatro de la tarde.  

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