Por vez primera en más de dos décadas de vida política, el señor Daniel Ortega Saavedra, candidato a la Presidencia de la República por el Frente Sandinista, visitó este miércoles pasado las oficinas del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), organización que agrupa en su seno a los diez principales gremios y organizaciones empresariales de Nicaragua, tales como la Cámara de Industrias, la Confederación de Cámaras de Comercio, la Cámara de la Construcción, y el Instituto Nicaragüense de Desarrollo (Inde), entre otros.
La reunión, que duró cerca de 5 horas y que se dio a solicitud de Ortega, le brindó al candidato rojinegro la oportunidad de presentar el programa económico de gobierno que dice que aplicaría en caso de ganar las próximas elecciones, pero le dio, además, una magnífica oportunidad para intentar calmar los temores y reservas que los empresarios tienen ante su posible triunfo electoral.
El temor del sector empresarial no es gratuito. En su memoria está vivo el calvario vivido por los empresarios mientras el señor Daniel Ortega fue Presidente de Nicaragua en los años ochenta. Muchos miembros del Cosep sufrieron confiscaciones, invasiones de tierras, ocupaciones de empresas, encarcelamientos, restricciones arbitrarias, insultos, competencia desleal, y toda clase de atropellos. Dos de sus más connotados líderes pagaron con sus vidas su denodada lucha por la libertad de Nicaragua: el primero fue Jorge Salazar Argüello, muerto por fuerzas del Ministerio del Interior el 8 de septiembre de 1981. Al momento de su muerte el señor Salazar fungía como Presidente del Cosep. Posteriormente, Arges Sequeira Mangas, quien era Vicepresidente del Cosep y Presidente de la Asociación Nacional de Confiscados, fue asesinado a sangre fría el 23 de noviembre de 1992 por Frank Ibarra, un ex mayor del Ejército Popular Sandinista. Las fotografías de Salazar y Sequeira honran las oficinas del Cosep y presidieron la reunión del miércoles.
El Cosep advirtió sus temores a través de un comunicado emitido inmediatamente después de la reunión. Textualmente dice: “El sector privado expresó su profunda preocupación por la candidatura personal del señor Daniel Ortega y las consecuencias impredecibles que traería para Nicaragua su posible triunfo electoral.” También manifiesta que “…olvidarse del pasado es sumamente difícil, [y] que sólo los hechos día a día podrían dar fe de sus actos, por lo que unánimemente no puede dar su pleno consentimiento y apoyo a sus estrategias.”
El actual Presidente del Cosep, Dr. Anastasio Somarriba, manifestó que lo expuesto en papel por Ortega y sus acompañantes “es magnífico”, pero como señaló el señor Luis Corea, Presidente de la Cámara Nicaragüense de Profesionales (Conapro), “el problema es de credibilidad.” Lo cierto es que no puede ser de otra manera. La credibilidad se establece con las actuaciones, no con las promesas. Resulta entonces que, basándose en la actuación como Presidente del señor Ortega, la desconfianza del Cosep es perfectamente comprensible.
Antes de la reunión de este miércoles, algunas personas cuestionaron la decisión del órgano empresarial de recibir a Ortega y de conversar con él. No obstante, creemos que como organización cúpula del sector privado, era sensato que se reuniera con alguien que, de acuerdo a las encuestas, es uno de los principales contendores a la Presidencia de la República. Sabemos que los directivos del Consejo Superior de la Empresa Privada presentes en la reunión se manejaron con la dignidad que correspondía a la ocasión, y éstos a su vez reconocieron que el encuentro se llevó a cabo en un marco de altura y de respeto mutuo.
En el comunicado referido, el Cosep deja entrever que se reunirá también con los otros dos candidatos a la Presidencia. Es de esperarse que en esas reuniones prevalezca un ambiente de total confianza, e incluso de afecto y de camaradería, ya que ambos candidatos fueron activos opositores al gobierno sandinista. De hecho, uno de ellos, Enrique Bolaños Geyer, fue quien, como Presidente del Cosep entre 1983 y 1988, lideró al sector privado de Nicaragua en una terrible lucha cívica por recuperar el respeto a la propiedad y el derecho de trabajar y producir en libertad, sufriendo por ello en carne propia la confiscación de sus propiedades y empresas. Esperemos que arbitrariedades como ésas jamás vuelvan a Nicaragua.