- David Arturo Báez Cruz, ex Boina Verde y luego ex oficial de Inteligencia del EPS, se incorporó “voluntariamente” a una columna guerrillera hondureña organizada, entrenada y fogueada en Cuba y Nicaragua, a mediados de 1983. Desde entonces desapareció y sus restos se buscan en la base hondureña de El Aguacate
Roberto Fonseca [email protected]
Primera entrega.- Eduardo Báez Cruz trata de mantener el control sobre sus emociones al hablar de un tema tan difícil y tan doloroso, como la muerte y desaparición de su hermano, David Arturo, ocurrida en Honduras en 1983, cuando intentó llevar la guerra al vecino país, junto a una columna guerrillera que se entrenó y se fogueó en combate en Nicaragua.
Eduardo sabe que su hermano, un ex Boina Verde que luego sirvió como oficial de Inteligencia del Ejército Popular Sandinista (EPS), está muerto, sin embargo, quiere recuperar sus restos, posiblemente enterrados en El Aguacate, para darles cristiana sepultura.
“Queremos saber la verdad, localizarlo y de ser posible trasladar sus restos, para sepultarlos”, aseguró en entrevista exclusiva a LA PRENSA. “Como familia no queremos librar una batalla judicial, ya sabemos que en nuestros países eso (justicia sobre desaparecidos) es imposible”, añadió.
LP: Entiendo que ustedes, la familia Báez Cruz, buscará los restos de tu hermano desaparecido, David Arturo, en la base de El Aguacate, en Honduras. ¿Desde cuándo envuelve a tu familia esta tragedia?
EBC: El caso de mi hermano, David Arturo, empezó en 1983, entre julio y octubre de ese año, no hay fechas precisas, y empieza a raíz de que mi hermano se incorpora a una columna guerrillera hondureña, en calidad de asesor militar del Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos (PRTC).
Entiendo que se infiltran a Honduras desde Nicaragua, todo esto en el contexto de los años 80, de la Revolución Sandinista, ¿vos sabés?, del juego de ajedrez político en que está inmersa la región y el país en ese entonces, la Contra está en Honduras con el apoyo de Estados Unidos, así que se trató de meterles un frente interno.
De acuerdo con informaciones que hemos venido recopilando estos años, parte de esta columna había recibido entrenamiento en Cuba, el jefe era un líder de la izquierda hondureña, una figura legendaria, el Dr. José Reyes Mata, que entiendo era sobreviviente de la guerrilla del Che Guevara en Bolivia. Por tanto, era como una reliquia, entonces los cubanos lo apoyaron.
LP: ¿Y cómo se involucró?
EBC: Mi hermano, dos años mayor que yo, creció desde niño con la obsesión de vengar la muerte de mi papá (Adolfo Báez Bone, ex teniente GN), a quien asesinaron los Somoza en abril de 1954. Así que se fue a estudiar a Estados Unidos, se bachilleró y se metió voluntario al Ejército gringo. Ahí sirvió.
LP: ¿En qué rama del Ejército norteamericano?
EBC: Una vez que entró a los marines, aplicó para las fuerzas especiales, los Boinas Verdes, y fue aceptado. Pasó a ser parte de los Boinas Verdes, creo que alrededor de seis años. Su última ubicación fue en la Zona del Canal, y durante la guerra contra Somoza se quería venir, porque quería participar en la caída del dictador. Pidió su baja, se la dieron y se vino inmediatamente a Nicaragua.
LP: ¿Qué rango tenía cuando pide su baja?
EBC: Era un Sargento Mayor en el Ejército norteamericano, un Master Sargent que le dicen, una especie de jefe de unidad. Él era especialista en paracaidismo, explosivos, armas ligeras, sabotajes, etc. Todo el entrenamiento que le dan a los Boinas Verdes, era un militar muy preparado. Antes de pedir su baja estaba en una unidad especial que se encargaría de rescatar o recuperar cualquier embajada estadounidense, ocupada por algún grupo guerrillero en Centroamérica.
LP: ¿Por qué decide regresar si le iba bien?
EBC: Porque Arturo era obsesivo, y él quería contribuir en algo al derrocamiento de los Somoza. Para él era como un sentido de mi-sión en su vida, sobre todo después de la muerte de mi papá a manos de los Somoza. Él no lo conoció, tenía alrededor de dos años, pero creció con aquello de que “Así que sos Báez Bone, tenés que ser ‘güevón’ como tu papá”. Además, era fogoso.
LP: ¿No temía por su seguridad?
EBC: Sí, se ‘chiviaba’, pero antes que le dieran la baja totalmente pidió vacaciones y vino a Nicaragua. Habló entonces con el comandante Luis Carrión, quien es primo de nosotros, y le planteó su interés de venirse, así que creo que Luis Carrión le dio un aval, un visto bueno.
Además, se entrevistó con ex compañeros de clases de él o con gente que conocía, entre ellos Joaquín Cuadra y Álvaro Baltodano, que en ese momento estaban en la Plana Mayor del EPS. Le dijeron que se viniera, así que cuando llegó prácticamente tenía el cuadro rayado. Se integró al EPS.
LP: ¿A qué unidad lo asignaron?
EBC: Arturo pidió que lo pusieran directamente a combatir, pero debido a su expe-riencia como entrenador, trabajó primero en la Dirección de Preparación Combativa, que le llamaban Precom y que dirigía Álvaro Baltodano. Estuvo bajo sus órdenes y vinculado entonces a la preparación de las primeras unidades especiales del EPS, las “Pedro Altamirano”, que tenían su base en Montelimar. Viajaba diario allá desde El Crucero, donde vivíamos.
Luego lo trasladaron a la Dirección de Inteligencia del EPS, no recuerdo si con Julio Ramos o con Ricardo Wheelock. Ahí ya entró a participar en misiones especiales, directamente en combate. A inicios de 1983, me dijo que se empezaba a meter en unas “misiones misteriosas”, dijo que se iba a perder meses de la casa, pero que no me preocupara. Así comenzó ese período en que se perdía por meses y luego regresaba. Ya a esas alturas se había casado y tenía tres hijos.
LP: Y, ¿cuándo surgió lo de la columna guerrillera hondureña?
EBC: A mediados de 1983, posiblemente en abril o mayo de ese año, llegó un día a la casa y me contó que se iba, que se había ofrecido voluntario para irse con una columna guerrillera hondureña, e incluso me dijo que estaban en el proceso de darle de “baja” en el EPS para evitar comprometer al Ejército. Decía que no sabía cómo le iba a ir, que no sabía si regresaría o no, insistió mucho en que lo hacía voluntariamente, y me pidió que le cuidara a los hijos. Vos sabés, ese tipo de cosas personales.
También me recomendó que si escu-chaba en la radio alguna noticia sobre la captura o caída de un guerrillero en Honduras, de seudónimo Adolfo (asumió el nombre de mi papá), que supiera que sería él. Me contó que le estaba dejando una carta de despedida a su hijo menor… Nos echamos unos buenos tragos, lloramos, nos despedimos y él se fue. Fue como en abril de 1983.
LP: ¿No quedó establecido algún contacto con us-tedes?
EBC: Sí, había un canal por el que le iban a llegar cartas a su esposa. Durante un par de meses ella recibió algunas, pero precisamente fue ella quien me llamó un día, preocupada, para decirme que tenía mucho tiempo de no recibir nada de Arturo y estaba nerviosa. Además, iba al EPS a preguntar por él y nadie quería decirle nada. Era septiembre u octubre de 1983.
Yo busqué entonces información a través de Marisol Castillo, quien en ese entonces era Jefa de Personal y Cuadros del EPS, además, amiga de mi esposa de entonces. Me prometió averiguar y llegamos a esa situación hasta abril de 1984, casi un año después. Por fin llamó un día, hablamos con ella, y nos dijo que no sabían nada de él, que tenían meses de haber perdido contacto con el grupo, que a todos los daban por perdidos en acción, pero que a Arturo lo suponían vivo gracias a su entrenamiento y a la experiencia de sobrevivencia en jungla. Nos dijo que estaban esperando unos días.
Días después se presentó a mi casa, y luego a la de mi mamá, un militar a quien sólo conocí como “Aníbal”, de la Dirección de Inteligencia del EPS, y dijo que ellos lo estaban dando oficialmente como “perdido en combate”. Que descartaban las posibilidades de que estuviera vivo y que no podían revelar más datos ni más información, pues las vidas de otras personas involucradas co-rrían peligro.
En ese entonces, 1984, yo estaba muy metido en la Revolución, y entonces muy obediente, muy disciplinado, no pregunté nada. Y no reaccionamos, no pedimos mayor explicación al EPS. Obviamente, para mi mamá fue un golpe terrible, ya que había vivido antes lo de mi papá, que lo mataron y nunca vio su cadáver, su cuerpo.
LP: ¿Y qué pasó con tu cuñada, con sus hijos?
EBC: A ella el Ejército le mantuvo durante va-rios años el salario completo de mi hermano, había ajustes salariales, y se los hacían. De pronto le suspenden el pago, hace los trámites como viuda, pero necesitaba la constancia oficial del EPS, así fue como le entregaron un documento firmado por Marisol Castillo, dándolo como “caído en combate”.
EPS LO DECLARO: «CAIDO EN CUMPLIMIENTO DEL DEBER»
CONSTANCIA
A quien concierna:
Por medio de la presente hacemos constar que el compañero David Báez, perteneció a nuestro glorioso Ejército Popular Sandinista, y que cayó en cumplimiento de su deber entre el 25 y 28 de agosto de 1983.
Sin más a quien hacer referencia, me despido con saludos revolucionarios.
Dado en la ciudad de Managua, Nicaragua, a los treinta días del mes de mayo de mil novecientos ochenta y cinco.
Fraternalmente,
Jefe Dirección de Cuadros E.P.S.
Capitán Marisol Castillo.
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