David Robleto Lang
La desregulación está ligada a las privatizaciones de los entes estatales y al establecimiento de reglas claras para la transparencia en la competitividad de las empresas que prestan servicios de interés público, sean éstas privadas o estatales.
En nuestros países las privatizaciones se han dado por influencias de los organismos financieros multilaterales en un intento de igualar políticas implementadas en los países industrializados y la ineficiencia de los entes estatales.
Al parecer la práctica se ha hecho cargo de demostrar que este esfuerzo no ha sido el mejor, ya que las condiciones económicas y políticas varían de un país a otro.
Si no existen entes reguladores con suficiente capacidad y autonomía con leyes que den seguridad jurídica, reglamentos claros y aplicados imparcialmente para poder garantizar la buena prestación de los servicios con eficiencia y calidad, es difícil tener empresas competitivas en un país como el nuestro.
Pasar de monopolios estatales a privados puede ser arriesgado si no se respetan las reglas del juego y no se garantiza la reinversión de utilidades para mejorar y modernizar la calidad de los servicios en beneficio de los usuarios, sobre todo cuando se trata de servicios de interés público que inciden directamente con el desarrollo del país y de generaciones humanas.
Me contaba un amigo la decepción que se han llevado en un país europeo con la privatización del ferrocarril, lo que ha significado más accidentes, menos puntualidad en las horas de servicio, han dejado sin efecto una cantidad de subcontratos con compañías especializadas en ciertos servicios causando desempleo y lo peor han dejado de reinvertir sus utilidades, pues los inversionistas necesitan recuperar sus inversiones de inmediato. Sin embargo, en otros países sabiendo lo que esto significa para los usuarios, el ferrocarril continúa siendo estatal.
La regulación es complicada cuando las empresas operadoras se niegan a cumplir con las leyes establecidas o buscan artificios legales para no cumplirlas, peor cuando son empresas monopólicas que tienen un posicionamiento en el mercado.
Ojalá que las recomendaciones de los organismos multilaterales para elevar la eficiencia de los servicios públicos no signifique la creación de status quo de las compañías que se vengan a asentar a nuestro país y que nos continúen ayudando para hacer posible la competencia y el cumplimiento de las reglas del juego, para que los servicios de interés público puedan llegar a toda la población en igualdad de condiciones y poder convertir en realidad el servicio universal en la práctica de todos los servicios básicos sin discriminación alguna.
* El autor es Director General de Telcor.