Silviano Matamoros
“El pensamiento es una función vital como la digestión o la circulación de la sangre”.
José Ortega y Gasset
El hombre, en cualquiera de las etapas de su vida, debe regir sus actos vitales por el proceso de pensar bien. Pensar bien no es sólo creer que lo que se piensa es siempre la verdad o siempre lo correcto. Creer así es un error que nos puede llevar a un peor destino.
Hay factores externos que tienden a desviar o dificultar el buen pensamiento colectivo de los pueblos, en estos casos resulta inadmisible que las personas, por inercia mental o superficialidad, tomen una decisión errada que seguramente los conducirá a un equívoco mayor.
Los pueblos para su bien o para su mal, por una acción impensada o por una omisión en el proceso de pensar, pagan por sus malas decisiones, años de atraso en el desarrollo de sus instituciones y en el perfeccionamiento de su sistema de gobernarse, sufriendo consecuencias sociales y culturales de lamentables resultados.
Pensar bien en las decisiones vitales de los pueblos, debe ser siempre el resultado de un profundo análisis y de una visión mental penetrante en el campo de la neblina de la duda, que permita descubrir la verdaderas causas de los males sociales y políticos que nos destruyen.
Si bien lo dicho es válido para todos, lo es especialmente para la juventud, que por su inexperiencia y su natural vitalidad juvenil, es fácil presa de los emotivos y engañosos slogan políticos electorales.
Trasladando estos pensamientos y conceptos a Nicaragua en un período electoral, es importante llamar la atención a los jóvenes sobre la propaganda subliminal de los partidos políticos que tienden a deformar grotescamente las realidades y minimizar los errores del pasado. Los mensajes repetitivos y masivos convierten las grandes falsedades en falsas verdades que desvían y nublan nuestra capacidad de pensar bien.
Los jóvenes de Nicaragua son los principales dueños del futuro, a ellos más que a nadie van a afectar los errores de no pensar bien, a ellos corresponde pues la gran responsabilidad de construir acertadamente la nueva Nicaragua, sin corrupción que nos destruya, sin pobreza extrema que nos agobie, creando instituciones por encima de los hombres, generando producción y trabajo y consolidando la democracia y los principales valores perdidos por no pensar bien en el pasado.
No puede irresponsablemente la juventud dar respaldo a partidos o líderes con antecedentes delictivos que luego de considerarnos perfectos idiotas, salen a pedir un perdón coyuntural por toda Nicaragua.
Aprendamos pues a pensar bien, a pensar en nuestro futuro y en el futuro de nuestros hijos y nuestros nietos, porque pensando mal como lo hemos hecho en el pasado, estaremos agregando más años a nuestras desgracias y a nuestro desarrollo.
* El autor es analista político.