Por primera vez en lo que va de la presente campaña electoral, el candidato a la Presidencia de la República por el PLC, Enrique Bolaños, se ha colocado a la cabeza de la intención de voto, de acuerdo a la última encuesta de Borge y Asociados, la firma encuestadora contratada por ese partido. En dicha encuesta Bolaños, con un 38.6 por ciento, supera al candidato del Frente Sandinista, Daniel Ortega, en casi tres puntos, quien resultó con un 35.8 por ciento de la intención de voto. No hay que olvidar, sin embargo, que dado el margen de error de la encuesta, estimado en un más o menos 3 por ciento, puede decirse que hay todavía un empate técnico entre ambos candidatos, tal como existía en la encuesta de julio, en la que Ortega superaba a Bolaños por un 1.8 por ciento. Por su parte, el candidato del Partido Conservador, Alberto Saborío, tiene tan sólo un 4.5 de la intención de voto, lo que lo pone en una situación muy difícil para poder remontar la gran brecha que lo separa de los otros dos candidatos y convertirse en un contendor de peligro.
Estando así las cosas a tan sólo dos meses y once días de celebrarse las próximas elecciones generales, todo parece indicar que el electorado está dispuesto a escoger al futuro presidente de Nicaragua entre los candidatos Enrique Bolaños y Daniel Ortega. Conviene, por lo tanto, que se dé un debate público, cuando menos entre esos dos candidatos, a fin de que los votantes puedan hacer comparaciones entre ambas propuestas de gobierno.
Los debates presidenciales son comunes en muchos países; como el que se dio en el Perú en el mes de mayo entre los candidatos Alan García y Alejandro Toledo, o los Estados Unidos, país en el que en 1960 se dio el primer debate televisivo entre el candidato republicano, Richard Nixon, y el demócrata, John F. Kennedy. Ambos candidatos debatieron 4 veces entre el 26 de septiembre y 21 de octubre de ese año. Desde entonces, en cada nueva elección presidencial es común ver debatiendo al candidato demócrata y al republicano. En las elecciones del año pasado hubo tres debates entre el candidato demócrata, Al Gore, y el entonces candidato republicano y ahora presidente, George W. Bush. A pesar que hay otros 10 candidatos a la presidencia de otros tantos partidos minoritarios, se estila hacer los debates entre los contendientes que de acuerdo a las encuestas tienen mayores probabilidades de ganar.
En nuestro país, hasta la fecha, jamás se ha dado un debate presidencial. En las elecciones de 1996, el entonces candidato liberal, Arnoldo Alemán, invitó a un debate público al candidato del Frente Sandinista, Daniel Ortega. Extrañamente, en esa oportunidad, Ortega declinó la invitación, a pesar que iba abajo en las encuestas, desperdiciando así, lo que a juicio de algunos analistas políticos, era una magnífica oportunidad para intentar mejorar su posición electoral. Esta vez —al menos de momento— parece que no tiene intenciones de aceptar el reto de Bolaños, quien, el miércoles pasado lo retó a un debate público cara a cara “en donde sea, a la hora que sea y sobre los temas que él quiera.” Ortega respondió con evasivas, y condicionando un posible debate a que Bolaños primero resuelva los problemas del hambre y la corrupción.
Creemos que es posible y deseable que de aquí a las elecciones del 4 de noviembre, ambos candidatos accedan a sostener, si no tres, cuando menos un debate público. Ese debate podría ser organizado profesionalmente y sin ventajas para ninguno de los dos. En los Estados Unidos, los encuentros son patrocinados por la Comisión de Debates Presidenciales, que se organizó en 1987 para asegurar que en el futuro los debates sean parte integral de los procesos eleccionarios y que se organicen de la manera más imparcial e informativa posible.
En Nicaragua no existe una comisión similar, pero estamos seguros de que hay organizaciones de prestigio que estarían dispuestas a patrocinar y coordinar esos encuentros que, sin duda alguna, le servirían al electorado para hacer una escogencia más informada. Sería bueno que los jefes de campaña de ambos partidos iniciaran contactos a la mayor brevedad posible para discutir la posibilidad de lograrlos. Eso haría de este proceso electoral un proceso más amplio, informativo y democrático.