Fernando A. Malespín Ferreti
Definitivamente no hay un solo nicaragüense que no desee lo mejor para su país. Desafortunadamente los políticos no interpretan los sentimientos y anhelos del pueblo porque sólo obedecen a sus intereses y ambiciones personales.
En las últimas dos décadas el pueblo ha sufrido en carne propia las consecuencias de errores gravísimos de gobiernos de izquierda o de derecha.
El desempleo, la pobreza y la falta de producción, son entre otras las causas de migraciones masivas y de la desesperanza de los que se debaten contra la miseria en una patria desgarrada.
Los responsables, los protagonistas de los infortunios sufridos por nuestra patria, son los mismos que dirigen las campañas electorales para retomar el poder y esperan el premio de los votos de un pueblo sacrificado.
No hay credibilidad en la conciencia del pueblo escarnecido. Las promesas electorales no generan esperanza para nadie.
El pueblo nicaragüense es suficientemente inteligente, graduado en dignidad, y el 4 de noviembre se verá la respuesta de lo que más conviene a Nicaragua y al futuro de todos los nicaragüenses.