La confianza requiere más que explicaciones

Mario Alfaro A.

En una página de la prensa cuidadosamente redactada y claramente impresa, la Superintendencia de Bancos nos ofrece algo así como un mensaje para estimular el optimismo y recuperar la confianza del público hacia el maltrecho Sistema Financiero Nacional.

La exposición viene a ser una clasificación obituaria de los bancos desaparecidos. Está el banco que quebró por prestarle a morosos irreductibles; el banco que se metió tarde en el negocio sin conocer bien el negocio; el que perdió la confianza del público y los clientes retiraron sus depósitos; el que fue víctima de las debilidades estructurales del control estatal; y termina con los casos patéticos del Interbank, el Bancafé y el Banic.

Reconoce la Superintendencia que la quiebra del Interbank le costó a los nicaragüenses cien millones de dólares (actualmente estarían sirviendo para paliar el hambre en los municipios afectados por la sequía y las inundaciones), luego introduce un elemento tranquilizador al afirmar que las pérdidas del Bancafé son menores, pero no hay resultados definitivos.

La estrella de la clasificación es indudablemente el Banic, con todas sus misteriosas implicaciones, donde aparece un personaje curioso, ciegamente empecinado en proteger el sigilo bancario como si se tratase de un secreto de confesión. Gran alivio habrá tenido ese personaje cuando le ordenaron poner en otras manos el misterioso informe, del cual la gente está muy segura que más que proteger a los clientes honestos, protege a los que con maniobras fraudulentas llevaron el banco a la quiebra. ¿Se conocerá algún día el ya famoso informe del Banic?.

Según la Superintendencia por aquello de que “no hay mal que por bien no venga”, los bancos restantes han quedado fortalecidos, ahora el sistema bancario es más seguro, es más transparente y más adecuado al pequeño mercado nacional de valores. ¿No sería mejor que se le diga al público, que es quien paga las pérdidas, que la justicia recuperará esos cien o más millones de dólares defraudados y que los defraudadores pagarán su delito?.

Dice el desplegado que a la Superintendencia no le corresponde perseguir a los defraudadores; que los delitos de defraudación competen a la Fiscalía General de la República y a la Policía Nacional. La función de acusar compete a la Procuraduría General de Justicia, así como a las juntas administradoras y liquidadoras. Frente a estas afirmaciones, cualquier lego se pregunta ¿Qué hacen esas flamantes instituciones del Estado, por qué no han actuado para evitar que el Estado (mejor decir los nicaragüenses) recupere los cien millones de dólares sustraídos del Interbank y quizás otra suma igual o mayor defraudada del Bancafé y del Banic?.

Al final de la página y respaldada con su firma, el Superintendente rechaza toda responsabilidad de la actual administración a su cargo y pregunta resueltamente ¿Quiénes son los responsables de los enormes fraudes cometidos en el Interbank y la sustitución de la cascarilla en SENAR y ALMACENA? ¿Por qué a esta fecha no hay nadie encarcelado ni siquiera como sospechoso? ¿Quiénes son los responsables de las irregularidades y abusos que llevaron al fracaso a los demás bancos cerrados?

Ingenuas preguntas porque la opinión pública sabe dónde están los defraudadores, sabe que el gobierno los conoce y que están muy bien protegidos por el sigilo bancario y por el sistema legal por el que se rige esta administración. Sabe también la opinión pública que la quiebra del Interbank y del Banic responde al esquema de impunidad establecido por el pacto Alemán-Ortega.

El mal —no hay que buscarlo con lupa— está en la impunidad que propicia un sistema legal imperfecto (o concebido para que así funcione) y a la existencia de una justicia política que se rige más por los compromisos entre cúpulas que por la obligación de dar a cada quien lo suyo.

La cadena de actos de corrupción tendrá fin cuando el pueblo vote masivamente por un candidato idóneo y probo, provisto de soluciones bien meditadas para acabar con la corrupción y salvar al país de una bancarrota nacional. Ese candidato es don Enrique Bolaños.

* El autor es periodista.  

Editorial
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