La Europa de Adenauer

  • Europa y desde luego Alemania, le deben a Adenauer su empeño de ayudar a construir una comunidad regional, por encima de rencores ancestrales y nacionalismos estrechos, poniendo a su país como piedra sillar de aquella construcció* .

Emilio Alvarez Montalván

Le llamaban con razón el alemán de mayor vocación europea, inclinación que muchos de sus contemporáneos criticaron. Sin embargo más tarde diría Schröeder: “la política exterior alemana mientras más nacional, más europea”. La verdad es que Europa y desde luego Alemania, le deben a Adenauer su empeño de ayudar a construir una comunidad regional, por encima de rencores ancestrales y nacionalismos estrechos, poniendo a su país como piedra sillar de aquella construcción. Fue una tarea que Adenauer (cuyo 125 aniversario de nacimiento acaba de celebrarse), emprendió a los 73 años de edad en plena guerra fría, desde la Cancillería de su país en ruinas ayudando a establecer el oportuno Plan Marshal.

Terminada la segunda guerra Alemania se hallaba entre dos presiones. Por una parte la ex URSS pretendía mantenerla débil para avanzar hacia las aguas tibias del Mediterráneo. Por otro lado los aliados victoriosos temían que Alemania repitiese su conducta hegemónica de antaño. Sin embargo la “realpolitik” obligaba a todos a reconocer que a menos que existiese en el centro de Europa una Alemania fuerte, nada impediría que los rusos consolidasen su predominio en el Este. El talento político de Adenauer le hizo darse cuenta que la única manera que una Alemania derrotada y desgarrada recuperase su soberanía, era integrándose plenamente a una comunidad supranacional, formando simultáneamente una alianza estratégica con los EE.UU. A su vez, los aliados comprendieron que necesitaban una Alemania respetada, aunque atada con “esposas de oro” a la Unión Europea. Ello exigía conciliarse con Francia, que la entente DeGaulle-Adenauer, logró plenamente.

Otro requisito para estabilizar Europa era que Alemania contase con partidos de arraigo dentro de un marco democrático,, que evitase la fragilidad institucional de Weimar, corregida ahora con el “voto positivo de desconfianza”. Tal empeño lo consiguió Adenauer juntando por primera vez a cristianos reformados con católicos de Baviera (UDC). Ese apoyo le garantizó mayoría por cuatro períodos consecutivos, dándole al régimen gobernabilidad.

Por otra parte, la Carta Fundamental resultó un modelo de equilibrio entre unos 16 Landers de tradición aislacionista y un centro unificador, siguiendo una constitución donde los campos jurisdiccionales estaban cuidadosamente previstos. Por otra parte el doble voto conciliaba la escogencia uninominal con la representación proporcional de diputados, mientras el 5% de votos neutralizaba la dispersión de la clase política.

Finalmente estaba el régimen económico a escoger. El Ministro de Economía de Adenauer, Ludwig Erhard, implementó con todo éxito la “economía social de mercado”, responsable del “milagro económico alemán” que asombró al mundo al conjugar la libertad empresarial con la solidaridad social. Vino después el ingreso de Alemania al Consejo Europeo (1950); la Comunidad del acero y carbón (1951); el Tratado de Alemania (1952); la recuperación de su soberanía y el ingreso a la OTAN (1955); Tratado de Roma (1957) y finalmente el Tratado del Eliseo (1963). Esa solidaridad y consistencia permitió superar la crisis del bloqueo de Berlín de 1958 y el comienzo del muro de la infamia en agosto de 1963.

La herencia de Adenauer, fallecido a los 91 años, facilitaría más tarde la unificación de Alemania entonces partida en dos, además del rescate de su soberanía y prestigio, dentro de una Europa en pleno desarrollo. No obstante, Adenauer incluía a las naciones del Este y sureste de Europa, para culminar en una unión total: política, económica y social.

No obstante los desafíos permanecen: moneda única, tipo de organización política (¿federación?): voto de los recién llegados, desnivel económico de sus miembros, involucramiento en Macedonia, costo creciente de la Comunidad, euroescépticos, relaciones con la Federación Rusa; posición frente al escudo antimisiles, retos que deberá enfrentar en el siglo XXI.

Para América Latina, Europa sigue siendo un foco de interés e inspiración.

* El autor es analista político. Ex canciller de Nicaragua  

Editorial
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