Migdonio Blandón
A pesar del testimonio vivo de parte del pueblo, es y ha sido bien fácil eliminar evidencias de delitos cometidos en la década de los 80, de quienes bajo el amparo del famoso pacto de transición, han seguido “gobernando desde abajo”, mediante asonadas, grupos paramilitares terroristas y pactos negociados; pues para ellos su investigación no es conveniente, porque muchos que han pertenecido a instituciones estatales, algunos podrían salir involucrados.
Por lo que está demás hacer grandes excavaciones arqueológicas para la comprobación de tales delitos efectuados en los dos últimos períodos dictatoriales de derecha e izquierda, que sufrió nuestro país, de mediados del siglo recién pasado hasta principios del 90, en que de manera específica, la dictadura del FSLN, aboliendo derechos ciudadanos y efectuando la destrucción productiva, cultural y familiar, fue tiránica e integralmente devastadora.
Según códigos penales, gran parte de dichos delitos prescriben después de determinado tiempo; y crímenes de índoles diversas de la penúltima década, han quedado cubiertos por dos sucesivos decretos de amnistía del gobierno de doña Violeta, supuestamente conciliatorios, con fines de restaurar parte de lo destruido y que sólo ha servido para que “limpios de culpa” y ocupando posiciones estratégicas, con impunidad sigan delinquiendo.
Las osamentas de múltiples crímenes que han quedado diseminadas en todo el país para los autores que siguen tan campantes y proyectando volver, en contraposición con la verdad y la justicia, los indicios ocultos deben desaparecer y olvidarlos y aunque parte del pueblo es olvidadizo, generoso o masoquista y quizá buena parte de los jóvenes de 16 años o más aún lo ignoren, pero un triste capítulo de la historia tendrá la mancha de los victimarios.
La justicia humana ha podido absolverlos y permitirles en libertad disfrutar los beneficios que da la democracia; pero a su debido tiempo y como todos, también han de comparecer a la Justicia Divina y el Supremo Juez misericordioso y justiciero emitirá su fallo inapelable: absolutorio o condenatorio, según las actuaciones en la vida transitoria que ha querido darnos y que seguido al ineludible juicio, a lo uno o lo otro se va a la eternidad.
Es cierto que no es saludable vivir de malos recuerdos, que obstruyendo el presente dificultan la proyección al futuro, pero las experiencias aunque su recuerdo sea triste, deben servirnos para recapacitar y saber actuar con serenidad y para el caso de los próximos comicios, seguir la sabia orientación que nos da la Pastoral de los Obispos y leer Mc. 6,43-45: “Por sus frutos los conoceréis”. Sería trágico que por descuido se repitiese el pasado.
Más que perder el tiempo en inútiles investigaciones, buscando osamentas, aprovechémoslo en algo útil. Profundicemos antes en nuestra propia conciencia. Actuemos como querríamos que otros actuaran y así, y tratando de vivir como Dios manda con amor, equidad y justicia, a sabiendas que nada sucede si Él no lo permite, forjando nuestro destino estaríamos restaurando y dignificando la justicia y los valores de nuestra Patria.
* El autor es miembro de EDUQUEMOS.